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“QUERIDOS REYES MAGOS”: COMPETENCIA LINGÜÍSTICA NAVIDEÑA 6.1.2026
En estos días
de Navidad, es inevitable recordar el espectro de las Navidades pasadas. Y
aparte de recuerdos familiares, folklóricos o gastronómicos, la inclinación
profesional me lleva a temas lingüísticos y literarios.
Antes del elfo
que hace travesuras a escondidas de forma silenciosa o de la famosa onomatopeya
de Papa Noel (¡Jojojo!), la Navidad también era una oportunidad para adquirir
competencia lingüística y literaria. No había Navidad que no empezara con el
envío de una felicitación navideña, después llamada christmas con la
invasión de los anglicismos. Incluso nuestros familiares semianalfabetos escribían:
“Te escribo estas cuatro letras para desearte Felices Pascuas y próspero Año
Nuevo…”. “Pascuas” o “Próspero” eran algunas de las palabras que no escucho hoy
en ningún contexto. Quizás porque la prioridad ahora no es prosperar sino algo
mucho más desmesurado. Incluso los villancicos, con sus letras absurdas a
veces, también nos enseñaron vocabulario (aguinaldos, anafre, arrullo, delirio,
fulgurar…), juegos de palabras y recursos literarios de todo tipo
(chiquirriquitín; yo me remendaba, yo me remendé). Y por supuesto, reflexiones
profundas al ritmo de una pandereta como el que deslumbró a Pedro Antonio de
Alarcón en su niñez: “La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y nosotros
nos iremos y no volveremos más”. Así lo recoge en La Nochebuena del poeta,
un cuento imprescindible para Navidad. En cualquier caso, todo ello era uso y
reflexión sobre la lengua.
La
Navidad terminaba con la ansiada carta a sus majestades. Tras el encabezamiento
de “Queridos Reyes Magos” se sucedía una lista interminable de peticiones que
en la mayoría de los casos no eran escuchadas. Y así era como los niños, sin darnos
cuenta, aprendíamos la estructura de la carta, buena letra, limpieza y
presentación, ortografía, puntuación, riqueza de vocabulario, cortesía verbal y
una sucesión de asíndeton o polisíndeton.
Esto
sí que era competencial. Aglutinaba conocimientos y habilidades que se
aplicaban y utilizaban en situaciones reales. Que te trajeran el juguete
deseado dependía del buen comportamiento y las buenas notas y de “saber
escribir” una carta. Menudo desafío.
No sé si los
niños escriben cartas en la actualidad. Me temo que no. No es necesaria la
paciencia o la espera hasta el final de la Navidad si están recibiendo regalos
desde finales de noviembre. Todo gracias a la incorporación de la Navidad
comercial y consumista americana.
Me comentan
algunos adolescentes que ellos no felicitan, como mucho en Año Nuevo. Y esto es
un ejemplo de cómo la cortesía y la competencia lingüística de niños y
adolescentes van mermando. Los mayores tampoco hacemos mucho más. Escribimos
frases típicas y reenviamos mensajes de humor. Algo es algo.
La Navidad es
un paréntesis de tiempo libre apropiado para reuniones, juegos, lecturas y cine.
Y en todo esto tiene cabida el uso de la lengua y el acercamiento a la
literatura de forma lúdica.
De
la competencia lingüística del resto del año hablaremos en otro momento. Por
ahora, solo me queda pedir a los Reyes Magos más expresión oral y escrita para
comunicarnos, más lecturas para comprendernos, más lenguaje no verbal para
abrazarnos y más diccionarios para encontrar palabras y significados exactos.
Quizás pequeños y mayores tropecemos alguna vez con las palabras PAZ, AMOR,
SALUD y las cuidemos de verdad. ¡FELIZ AÑO! ¡FELIZ DÍA DE REYES!