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miércoles, 5 de agosto de 2026

Héroes



Publicación en Ideal Digital


HÉROES                        Ideal 28.07.26


Cada época tiene sus héroes. Lo comprobé durante la final del Mundial al ver en el palco a unos señores con corbata que los niños de hoy no conocen. Sin embargo, hace dieciséis años fueron los chavales que nos trajeron el triunfo en el primer mundial para España. Eran Iniesta, Casillas, Sergio Ramos y el resto del equipo. 

El cine también lanza héroes que atrapan a cada generación. De Supermán al Capitán Trueno pasando por Batman.

Pero hay héroes de todos los tiempos, héroes eternos. Este verano el cine nos ofrece la posibilidad de volver a acompañar a Ulises camino de Ítaca veinticinco siglos después. Eso sí que es una heroicidad.

Los ídolos del fútbol aportan muchos beneficios. Crean ilusión, alegría y una unión desconocida en España, pero su triunfo es efímero. Días después, arriamos la bandera y volvemos a nuestra lucha cainita. Al menos, durante un mes podemos decir “que nos quiten lo bailao”.

Aunque dejé de ver partidos hace mucho tiempo, he conseguido en estos días prestar atención a un partido casi entero. Admiro el trabajo en equipo y la belleza que consiguen estos muchachos a las órdenes de un entrenador carismático. Aportan valores positivos a los niños y jóvenes que los siguen. Estos muchas veces están abocados por sus entrenadores, por sus propios padres y por el sistema a un fútbol agresivo en el que más que disfrutar haciendo deporte entre amigos, se busca fama y dinero a toda costa.

Valoro la preparación, el esfuerzo, el sufrimiento y todo lo que hemos visto estos días. Y lo que no se ve, que es más épico todavía. Algunos de ellos cargan con un pasado difícil a sus espaldas. Esa odisea particular sí que se debería contar y conocer.

La realidad es que nos hacen felices. Esa es su grandeza. Igual que los juglares que contaban las hazañas del Cid de pueblo en pueblo valiéndose de todo tipo de artificios. En estos días, el carnicero, el abogado, el autónomo o el jubilado se olvidan de sus penalidades y son dichosos. No es poca cosa. A nuestros gobernantes además les sirve para distraernos de otros asuntos con “pan y circo”. Nosotros enseguida nos enganchamos a los memes y sacamos todo nuestro repertorio de tópicos nacionales.

Las cifras son escandalosas. Todos los españoles de bien y muchos ciudadanos del mundo vieron el partido. Cerca de dos millones de personas han recibido en Madrid a los jugadores. ¡Menuda manifestación! Y este verano estarán a todas horas presentes en nuestras vidas, ya sea anunciando un helado o un fijador del pelo. 

Si lo pensamos con frialdad, ¿de verdad es para tanto?, ¿no hay otra cosa?, ¿debemos todos entrar por el aro?

Para mí, son pequeños héroes o héroes por unos días. 

Mis héroes no hacen disfrutar sino que salvan vidas. Su sufrimiento no les lleva a lesionarse o a hacerse millonarios. En ocasiones les lleva a entregar su vida. No juegan sino que se la juegan. 

A veces, los ponemos en riesgo de forma innecesaria y, después, como buenos espectadores, nos quedamos mirando su trabajo. O como mucho admirando por un rato. Con una corona o una medalla cumplimos. 

Me estoy refiriendo a miembros de fuerzas de seguridad, bomberos, sanitarios, educadores y a todas aquella personas que con su trabajo “desfacen entuertos” y nos salvan. Y sin alcanzar el reconocimiento ni la recompensa de los que golpean el balón.

En la película “El Hobbit”, cuando Galadriel le pregunta a Gandalf por qué ha elegido a un ser tan insignificante como Bilbo Bolsón para una misión tan peligrosa, el mago contesta: “A menudo son las pequeñas acciones cotidianas de la gente común las que mantienen a raya la oscuridad... pequeños actos de bondad y amor”.

Disfrutemos del momento, de la fiesta y de la alegría, pero no perdamos la perspectiva. A los héroes de más de dos estrellas, los de verdad, los de la covid, la DANA, las inundaciones, los incendios y el día a día, de los que no tenemos autógrafo ni camiseta, hay que cuidarlos mucho más. Mucho más. Mucho más.


martes, 2 de junio de 2026

La reina de las palabras


 LA REINA DE LAS PALABRAS                                Ideal 18.5.2026

 Suele aparecer en redes y medios de comunicación la actividad de la familia real. Podemos ser monárquicos o no. Nos podrán caer bien o no. Es evidente la gran variedad de actos en los que participan. Si observamos la frenética actividad que pueden llevar a cabo cualquier semana, creo que se ganan el sueldo. Me llama la atención su presencia cada vez más activa. Más allá de saludar y hacer de maniquíes institucionales se acercan, hablan, escuchan y se interesan por lo que tienen alrededor.

Y como profesora de Lengua, estoy atenta cuando hablan. El rey a veces abandona los discursos formales para atreverse con intervenciones improvisadas que lo sitúan a pie de calle y lo acercan al pueblo.

Pero es la reina Letizia la que me deja pasmada con su facundia. La hemos visto hablar en otros idiomas, en las lenguas cooficiales del Estado y en español. Y sin papeles.

No es algo excepcional sino frecuente y habitual y me parece admirable. Hace unos días nos sorprendió hablando guaraní. Un poco antes asistió a una reunión en Lérida y la vimos manejando el catalán con soltura y naturalidad. Además, en alguna recepción ha usado la lengua de signos española, integrando y apoyando así a la comunidad sorda.

Si cojo la rúbrica de evaluación, habría que señalar su buena entonación, el manejo del lenguaje no verbal, la corrección gramatical, la riqueza léxica, los recursos expresivos, la buena estructuración del discurso además de las referencias culturales, citas literarias y conocimiento del terreno donde se mueve. Y todo esto sin dejar de lado la adecuación al auditorio, la fina ironía o el sentido del humor. Nuestra reina además de hablar con la boca, habla con las manos y con la mirada. Y llega.

¡Cuánta admiración sentiría yo si nuestros gobernantes tuvieran ese dominio del idioma! ¡Cuánto bien hacen cuando nos representan y son un modelo de calidad y prestigio en medio de la baja estofa cultural que los rodea!

Recuerdo su intervención en la entrega de los Premios Zenda hace unos meses y su cita anual con los Premios SM de Literatura Infantil y Juvenil. En este caso, como hemos visto hace unos días, la reina elabora un discurso brillante en el que defiende la calidad de las obras ganadoras. En sus palabras se transluce el calado y la profundidad de su lectura. Este año incluso se ha atrevido a leer y dramatizar de forma impecable un fragmento.

Más allá de ser reina, es periodista y, sobre todo, es lectora. Y es un ejemplo en este sentido para todos. Los profesores de Lengua y Literatura nos sentimos acompañados y respaldados cuando alguien fuera de las fronteras del aula habla bien y defiende la grandeza de nuestro idioma con su uso. El poder que aporta para el futuro de nuestros jóvenes un buen manejo del idioma va más allá de cualquier reinado. Con las palabras se abren o se cierran puertas, se hace magia y, como dijo Sartre, se puede cambiar el mundo.

 

jueves, 26 de febrero de 2026

Escritores en la frontera





ESCRITORES EN LA FRONTERA                Ideal 23.2.2026

Estamos en tiempos de radicalismos y catalogaciones cerradas en todos los ámbitos: los diez libros del siglo, los profesores estelares, los mejores coches, las películas imprescindibles… Todo esto sin entrar en encasillamientos políticos o ideológicos. Es imposible manifestar acuerdos o desacuerdos con distintas posturas sin el riesgo de ser etiquetado.

Y la literatura, aunque sea hermana pobre en el paraíso consumista, no escapa a esta moda clasificatoria: escritores de esta provincia o comunidad, premiados, no premiados, de esta corriente o de la otra… No tenemos más que ver las redes sociales. Más que a leer o a escribir, nos dedicamos a tildar y a hacer ruido. Y en medio de ese sucio ruido “sucede que me canso de ser hombre” como escribió Neruda.

Una servidora ha sido recientemente incluida entre los escritores de la comarca de Guadix y entre los de Valdepeñas de Jaén. Increíble, ¿verdad? Pues es posible. A ambos, manifiesto mi agradecimiento infinito y en ambas orillas se asienta mi vida y mi escritura. Y en el resto del planeta: “Mi única patria la mar”.

No soy partidaria de exclusiones, clasificaciones o rivalidades y son demasiado actuales las segregaciones geográficas de todo tipo. “Es de aquí o no es de aquí” es parecido a “es de los nuestros o es de fuera”.

Escritores de ayer y de hoy han viajado por el mundo sin necesidad de atarse a un lugar de origen o a una única influencia. Y más en estos años de globalización. ¿Qué habría sido de Shakespeare o Goethe sin la cultura grecolatina? No todos somos Delibes, Proust, Verne o Dickinson y su anclaje a un territorio. Algunos, por desgracia, tuvieron que ampliar horizontes de forma obligada debido al exilio.

En el ámbito más cercano, Granada ha atraído y atrapado a escritores de la Andalucía Oriental. Y ahí tenemos a la ubetense Mónica Doña o a la almeriense Carmen Canet. Podemos encontrar a jienenses en otras provincias como Francisco Morales Lomas, Carmen Camacho o Pedro Luis Casanova; y cordobeses de Cazorla como Manuel Molina González. Granadinos como Antonio Enrique tuvieron casa e inspiración en Úbeda o Antonio Praena que la sigue teniendo en Valencia. Y el gran oriolano de Quesada. Por no hablar de andaluces de Chile como Marina Tapia o errantes difusores de la cultura española por el mundo como Juan Vicente Piqueras. Y esto es solo por nombrar algunos ejemplos.

Esta libertad de movimiento, de orígenes e influencias mestizas es el mejor ejemplo que puede dar la literatura a un mundo gris, fanático y excluyente. La mirada es más libre si traspasa fronteras, si se enfrenta a la duda y abarca varios puntos de vista.

               Frente a las batallas en el barro auspiciadas por demasiados tertulianos televisivos de mirada única o por el reloj roto de las redes sociales convertidas en vertederos inmisericordes, la literatura pone luz, belleza, cultura, moderación, empatía o mano tendida más allá de las fronteras. Creo que algo así es lo que cantamos los andaluces en nuestro himno estos días.


martes, 13 de enero de 2026

"Queridos Reyes Magos": competencia lingüística navideña



Publicación en Ideal en Clase 


“QUERIDOS REYES MAGOS”: COMPETENCIA LINGÜÍSTICA NAVIDEÑA      6.1.2026

En estos días de Navidad, es inevitable recordar el espectro de las Navidades pasadas. Y aparte de recuerdos familiares, folklóricos o gastronómicos, la inclinación profesional me lleva a temas lingüísticos y literarios.

Antes del elfo que hace travesuras a escondidas de forma silenciosa o de la famosa onomatopeya de Papa Noel (¡Jojojo!), la Navidad también era una oportunidad para adquirir competencia lingüística y literaria. No había Navidad que no empezara con el envío de una felicitación navideña, después llamada christmas con la invasión de los anglicismos. Incluso nuestros familiares semianalfabetos escribían: “Te escribo estas cuatro letras para desearte Felices Pascuas y próspero Año Nuevo…”. “Pascuas” o “Próspero” eran algunas de las palabras que no escucho hoy en ningún contexto. Quizás porque la prioridad ahora no es prosperar sino algo mucho más desmesurado. Incluso los villancicos, con sus letras absurdas a veces, también nos enseñaron vocabulario (aguinaldos, anafre, arrullo, delirio, fulgurar…), juegos de palabras y recursos literarios de todo tipo (chiquirriquitín; yo me remendaba, yo me remendé). Y por supuesto, reflexiones profundas al ritmo de una pandereta como el que deslumbró a Pedro Antonio de Alarcón en su niñez: “La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”. Así lo recoge en La Nochebuena del poeta, un cuento imprescindible para Navidad. En cualquier caso, todo ello era uso y reflexión sobre la lengua.

               La Navidad terminaba con la ansiada carta a sus majestades. Tras el encabezamiento de “Queridos Reyes Magos” se sucedía una lista interminable de peticiones que en la mayoría de los casos no eran escuchadas. Y así era como los niños, sin darnos cuenta, aprendíamos la estructura de la carta, buena letra, limpieza y presentación, ortografía, puntuación, riqueza de vocabulario, cortesía verbal y una sucesión de asíndeton o polisíndeton.

               Esto sí que era competencial. Aglutinaba conocimientos y habilidades que se aplicaban y utilizaban en situaciones reales. Que te trajeran el juguete deseado dependía del buen comportamiento y las buenas notas y de “saber escribir” una carta. Menudo desafío.

No sé si los niños escriben cartas en la actualidad. Me temo que no. No es necesaria la paciencia o la espera hasta el final de la Navidad si están recibiendo regalos desde finales de noviembre. Todo gracias a la incorporación de la Navidad comercial y consumista americana.

Me comentan algunos adolescentes que ellos no felicitan, como mucho en Año Nuevo. Y esto es un ejemplo de cómo la cortesía y la competencia lingüística de niños y adolescentes van mermando. Los mayores tampoco hacemos mucho más. Escribimos frases típicas y reenviamos mensajes de humor. Algo es algo.

La Navidad es un paréntesis de tiempo libre apropiado para reuniones, juegos, lecturas y cine. Y en todo esto tiene cabida el uso de la lengua y el acercamiento a la literatura de forma lúdica.

               De la competencia lingüística del resto del año hablaremos en otro momento. Por ahora, solo me queda pedir a los Reyes Magos más expresión oral y escrita para comunicarnos, más lecturas para comprendernos, más lenguaje no verbal para abrazarnos y más diccionarios para encontrar palabras y significados exactos. Quizás pequeños y mayores tropecemos alguna vez con las palabras PAZ, AMOR, SALUD y las cuidemos de verdad. ¡FELIZ AÑO! ¡FELIZ DÍA DE REYES!

jueves, 11 de diciembre de 2025

Y se nos heló el corazón

 Y SE NOS HELÓ EL CORAZÓN        1.12.2025

 Andaba yo pensando en tema para esta columna y sin saber en qué esperpento detenerme de esta sociedad valleinclanesca, cojo el móvil para consultar algo de forma rápida y puntual y, sin darme cuenta, lo suelto mucho tiempo después y sin tener claro para qué lo había cogido. El imán del móvil y de las redes sociales. Creo que es algo generalizado que a mí personalmente me deja entre el desconcierto y la rabia por el tiempo perdido de forma absurda.

    Y así nos pasamos las horas. Cada uno dentro de su propia burbuja mcluhiana, que nos hace ver el mundo moldeado a nuestra manera según las puertas que hayamos abierto.

  La tecnología es fascinante. Gracias a ella, mantenemos contacto con más gente, tenemos mayor acceso a los medios de comunicación y recibimos información útil sobre determinados temas. En cambio, todo esto va acompañado de mucha basura o al menos de exceso de información.

    Aun siendo críticos y teniendo una predisposición de rechazo al morbo y al estiércol, se nos cuelan las vidas que exhiben nuestros contactos y la carnaza que vuelcan los poderes políticos y los grupos ideológicos a favor de sus intereses y en contra del opuesto. Por otra parte, surgen por doquier consejos de salud, ejercicio físico, terapias psicológicas, recetas de cocina y de limpieza, humoristas recién estrenados, abogados dispuestos a salvarte de problemas jurídicos o sabios inversores que te animan a multiplicar tu dinero. Y además los mil trucos informáticos para instalar aplicaciones imprescindibles, para proteger tu seguridad amenazada o para conocer las últimas posibilidades de la IA.

    A esto hay que añadir a un nivel más cercano toda la oferta de rutas y viajes al último rincón desconocido, presentaciones de libros maravillosos, conferencias de sumo interés, comidas solidarias con todo tipo de causas, conciertos variopintos, besamanos y besapiés y manifestaciones con todas las pancartas posibles.

    Son terribles los contactos que te ofrecen cincuenta fotos de cualquier evento. Pero más temibles aún son aquellos aficionados a la escritura, a compartir reflexiones y opiniones. Con estos se pierde la noción del tiempo.

    Todo esto aderezado con los inevitables anuncios publicitarios que se incrementan en tiempos de consumismo atroz y anticipado y falso espíritu navideño.

    El resultado es que nos convertimos en zombis dentro de una burbuja a punto de explotar. Nos quedamos con la sensación de perdernos la vida tan interesante de los demás, de necesitar comprar muchos más productos, de necesitar tiempo para esto y lo otro y lo otro. Sin embargo, no lo hacemos porque pasamos las horas mirando la pantalla, llenando nuestro vacío de contenido insustancial y aumentando nuestra frustración.

    Contra la digitalización nos advierte el filósofo coreano, Byung-Chul Han, reciente Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Critica el apoyo rotundo de los poderes económicos y políticos a la digitalización. Según él “cuanto más rápido vaya esta red, más se fragmenta nuestra atención, y esto no solamente nos enferma, sino que altera la cultura. Porque la cultura requiere de otro tipo de atención, una más lenta y larga”.

    Y si los adultos somos adictos, estaba empezando a pensar en el uso y abuso por parte de los jóvenes. Las suyas son otras vivencias digitales que requieren un análisis detallado. Estaba con esto cuando vi un lazo negro en la pantalla. ¿Qué será ahora? ¿Otro caso de violencia de género? Esta vez no, aunque tampoco nos abandona esa lacra. En este sábado de crudo invierno se ha helado el corazón de Jaén. ¡Juventud, divino tesoro, hecha añicos! ¡Cuánto silencio y cuanto tenemos que hablar con la juventud y de la juventud! Y no solo poner un móvil en sus manos.

 

lunes, 20 de octubre de 2025

Desmemoriados

 







DESMEMORIADOS                        14.10.2025

Anda despidiéndose de los escenarios Joaquín Sabina y hace unos días lo hizo en su tierra, a lo grande. Más de diez mil personas asistieron al concierto. Así fue y así ha sido siempre que “el flaco” se ha subido al escenario. Me llama la atención en sus conciertos la amplitud del espectro de edad del público. Me encanta ver a abuelos, hijos y nietos seducidos por la misma música. Esto pasa con Sabina y con buena parte de la música que hemos escuchado en nuestra casa o en el coche familiar.

También hace unas semanas, armaron revuelo las declaraciones de la influencer María Pombo, en las que se jactaba de ser mecenas de la ignorancia. El tema ha traído ríos de tinta. Lo que me dejó atónita fue descubrir que esta chica es tataranieta de Concha Espina. Si solo conocen ese nombre por la famosa avenida madrileña, investiguen sobre su valía literaria a pesar de las tragedias e injusticias que sufrió. Ninguna escritora española ha estado tan cerca del Nobel de Literatura como ella.

Todo esto me lleva a pensar sobre lo que transmitimos a los que vienen detrás. La influencia familiar es fundamental y, frente a ese legado, nos posicionamos, a favor o en contra, como continuadores o en rebeldía.

Sé de nietos que guardan celosamente las enseñanzas de sus abuelos que, a su vez, estos recibieron de generaciones anteriores. Así han sobrevivido recetas de cocina, técnicas agrícolas, estrategias de supervivencia y todo el bagaje de conocimientos con que contamos hoy día. Nos lo recordó Umberto Eco: “Los viejos se han convertido en la memoria de la especie, contaban lo que había sucedido. […] Hoy los libros son nuestros viejos. […] El que lee vive más vidas”.

Además de los saberes útiles, otras veces también mantenemos vivo y palpitante todo el repertorio de maldades y horrores heredado. Quizás lo que predomina en la actualidad no es guardar información valiosa o perversa, sino que vivimos sumidos en la más absoluta y absurda ignorancia. Nos han adormilado de tal forma que no manifestamos interés alguno por lo que nos rodea, lo que nos ha construido y sobre lo que nos asentamos. Y todo esto se teje con miles de horas de conversaciones. Se asienta en el lenguaje, en la comunicación oral y en los libros. Y así nos encontramos: consumistas hueros, desmemoriados y desprotegidos ante el futuro.

Es posible que en estos días os hayáis matriculado en algún taller de la Universidad Popular. Si habéis elegido el de “Fotografía de paisaje” estáis de suerte. Vais a tener como profesor guía a un rebelde auténtico, el fotógrafo holandés Peter Manschot. En sus talleres, en sus exposiciones y en sus libros, además de sus conocimientos fotográficos, podréis descubrir su amor por la naturaleza, por nuestra tierra y nuestra historia. Y veréis cómo le duele lo nuestro, eso que deberíamos haber conocido, conservado y cuidado. Como María Pombo con los libros de su “tata”. Anda, María, anímate. Como escuchó San Agustín: tolle, lege. 

 

miércoles, 27 de agosto de 2025

¿Consenso?

 





¿CONSENSO?                     18.8.2025

Las vacaciones son una oportunidad magnífica para meter la nariz en otros lugares del mundo más allá de los circuitos turísticos establecidos. En una escapada por la Europa más desarrollada he sentido mucha envidia al ver el estado de las redes de transportes públicos. “Impecable funcionamiento”, “oferta variada”, “confluencia de varios tipos de transporte”, “frecuencia abrumadora”, “puntualidad absoluta” son algunos de los sintagmas que puedo utilizar. Esto es sin contar medios menos comunes como la bicicleta. Por ejemplo, en una ciudad universitaria media de los Países Bajos, he visitado un parking que acoge a trece mil bicicletas. ¿Podemos imaginar la cantidad de coches y de monóxido de carbono que se ahorran?

En España llevamos varios años sufriendo el deterioro progresivo de los medios de transporte. Hay retrasos, averías, caos y demás catástrofes que sufrimos los ciudadanos y que da una imagen lamentable hacia el exterior. Y lo peor es que nos estamos acostumbrando.

De forma más localizada, hay ciudades y áreas que han despegado y ofrecen servicios de calidad. Y les va muy bien. Winston Churchill ya lo tenía claro hace casi un siglo: “Un país que construye carreteras de calidad se pone a sí mismo en la vía del progreso”.

Suelo viajar por Andalucía Oriental y observo cómo otras provincias están invadidas por las obras y en un futuro cercano contarán con una impresionante red de transportes de todo tipo, AVE incluido. Así lo señaló también el periodista José Luis Adán en la gala de los premios Ideales 2025. Habló de los pasos que se dan en otras ciudades mientras nosotros seguimos debatiendo. Defendió la necesidad de diálogo, pero también de acción y decisión.

Parece que en Jaén estamos esperando que todas las administraciones sean del mismo color para llegar a acuerdos y, ante esa imposibilidad, seguimos estancados sine die mientras que en otros lugares con gobernantes variopintos no dejan de avanzar.

Sin embargo, me vuelvo a ilusionar con las noticias de este verano: se habla de consenso entre las tres administraciones (local, autonómica y nacional). Se ha renovado la flota de autobuses con nuevos vehículos híbridos más modernos y ecológicos. Por otra parte, los jienenses han duplicado el uso del autobús urbano.  En cuanto al tranvía, ya tiene todos los contratos para su mantenimiento. Catorce años después no está mal. Se ha firmado el protocolo para integrar el tren en la ciudad y siguen hablando de una posible intermodalidad. Además, la Junta también ha aprobado el Plan de Transporte Metropolitano de Jaén, integrando a más municipios y buscando mejoras medioambientales. Todas parecen buenas noticias.

Ante tanto avance y compromiso, pareciera que estamos en campaña electoral. Ojalá que estas halagüeñas previsiones se hagan realidad y no sean un espejismo veraniego. Me ilusiona ver en Jaén lo que Víctor Hugo defendió en un rotundo aforismo: “Abrid caminos y se abrirán pueblos”. Esperemos que esta vez todos estos proyectos alcancen la calidad y la velocidad que Jaén necesita y no nos quedemos otra vez, resignados y taciturnos, sentados en el andén.

 

jueves, 17 de julio de 2025

Al fresco

 





AL FRESCO                        14.07.2025

Llevamos varios años con un adelanto importante de las altas temperaturas. La primavera, ese paréntesis efímero, nos llevó a un mes de junio muy duro, especialmente para terminar la etapa educativa. Para el cuarenta de mayo ya nos habíamos quitado todos los sayos y estábamos entregados al abanico, aire acondicionado o ventilador.

El verano tiene connotaciones mágicas debido a que es un período mayoritariamente vacacional, de reencuentros y viajes. Tiene amantes, pero también detractores. Quizás lo idealizamos y nos imponemos la obligación de ser felices entre chapuzones y barbacoas. Es posible que en verano pesen más las enfermedades y los contratiempos ante la suposición de que todos a nuestro alrededor están en el parque temático de la felicidad excepto nosotros. La calor (en femenino, otra vez) agobia y paraliza, genera desasosiego e incomodidad, malhumor y mal olor; condiciona la vida y las actividades rutinarias. Me sonrío al leer el soneto “El verano” del almeriense Diego Alonso Cánovas siguiendo la estela de Quevedo: “Desnudarme, escocerme, estar quejoso/ pálido, denso, antisocial, pasivo…”.

Pero no es un asunto baladí. Para grupos vulnerables como indigentes, trabajadores o personas mayores puede crear problemas de salud importantes o incluso la muerte.

Llámese cambio climático o no, la realidad es que los veranos son cada vez más largos y tórridos. Sin embargo, he encontrado en nuestra geografía lugares y viviendas en los que es posible encontrar la felicidad hecha frescor. Nos empecinamos en vivir hacinados en bloques de pisos en la ciudad, mal aislados, rodeados de asfalto y escasa vegetación, donde tenemos que recurrir obligatoriamente a aparatos eléctricos. Ha circulado por redes sociales una frase lapidaria: el calor que nos sobra, son los árboles que faltan. Solo tenemos que alejarnos unos kilómetros y adentrarnos en pueblos semiabandonados, con calles estrechas, a orillas de ríos y bosques y veremos bajar las temperaturas significativamente. También en esto, el mundo rural tiene mucho que enseñarnos.

En cuanto a viviendas, no conocen el calor en las cuevas en las comarcas granadinas de Guadix-Baza, que tenemos a poco más de una hora de distancia. Y en general, en las casas de pueblo suele haber patios, portales, bodegas, habitaciones subterráneas o muros de medio metro de ancho. Son construcciones que muchas veces hemos despreciado y con ello también hemos ninguneado la sabiduría de quienes las hicieron. Quizá el problema es que vendimos la casa de los abuelos o las destruimos para hacer un bloque de pisos en un pueblo en lugar de restaurarla. Y con ello, hemos llevado a los pueblos lo peor de la ciudad. Quizás no contemplamos la importancia de los pequeños detalles: el lugar de una ventana, la orientación de una vivienda o la amplitud de una calle.

El clima nos obligará a reinventarnos. Para ello, debemos aprovechar la tecnología actual pero también mirar hacia atrás, a la sabiduría milenaria con la que se ha construido la supervivencia. Mientras tanto, les deseo que encuentren un rincón agradable con un botijo cerca y un pueblo donde salir a tomar el fresco.

viernes, 13 de junio de 2025

Pasando el tiempo

 





PASANDO EL TIEMPO                                01.06.2025

Levanto los ojos del ordenador y miro el calendario de mi escritorio. No doy crédito. Nos hemos comido los cinco primeros meses de este año casi sin darnos cuenta. Hace algo más de un mes que publiqué mi columna anterior. Además de las vivencias personales, en este tiempo, han pasado demasiadas cosas sobre las que en algún momento he pensado escribir. Pero todo pasa tan rápido que he cambiado de tema varias veces.

En este mes, hemos vivido un apagón inédito que nos ha puesto a hablar entre nosotros y a volver a mirarnos a los ojos a oscuras. Algunos lo vivieron como una tragedia; otros, como un parón interminable. En estos días, también hemos despedido a un Papa y recibido a otro viviendo en directo la emoción del momento. Los aficionados al fútbol y al tenis han homenajeado a jugadores y entrenadores y ya se van adjudicando los trofeos de final de temporada. Nos hemos dado un paseo polémico por Eurovisión. Y todas las tardes podemos ver cómo la televisión pública alcanza unas cotas de mal gusto y degradación insuperables a costa de nuestros bolsillos. También, como buenos cotillas, hemos buceado en los mensajes privados de nuestros gobernantes. Desde América, nos siguen sorprendiendo casi todos los días con noticias surrealistas y poco halagüeñas. La primavera ha venido y se ha ido con la misma rapidez que las noticias. Las flores y la ropa de entretiempo hacen solo un amago de aparecer pues ya tenemos aquí la primera ola de calor del verano. Se suceden exámenes, puesta de banda, comuniones y ropa de etiqueta de todo tipo. Y romerías y fiestas en todos los pueblos. Y en Jaén, en el eterno Jaén, ha empezado a circular el tranvía catorce años después. Todo esto y mil cosas más nos han entretenido unos días para olvidarlas semanas después.

Y lo mismo pasa en nuestras vidas. Vamos de una cosa a otra sin darnos cuenta del paso del tiempo, del tempus fugit. Este tema ha preocupado desde siempre, como nos han contado literatos, filósofos e historiadores. “En el hoy y mañana y ayer, junto pañales y mortaja, y he quedado presentes sucesiones de difunto” escribió nuestro agudo e insigne Francisco de Quevedo.

Lo que ocurre a veces es que vivimos absorbidos y entretenidos con asuntos nimios y descuidamos los importantes. Si estuviéramos haciendo comentario de texto, diríamos que tenemos localizadas todas las ideas secundarias y evadimos el tema principal. Y para mí, el tema principal se llama Gaza, Ucrania y cientos de sitios más donde viven en guerras sangrientas e interminables. Nos llegan cifras terribles que, aunque nos dañan momentáneamente, enseguida tenemos otro sitio más cómodo hacia donde mirar. La historia dará testimonio de nuestra cobardía.

¿Se les pasará el tiempo en Gaza igual de rápido que a nosotros? El paréntesis oscuro del tiempo, de sus vidas rotas, de las calamidades imperdonables y el sinsentido. Ojalá no nos distraigamos con lo insustancial y encendamos luces y tiempos nuevos para ellos y para todos.

 

 

martes, 22 de abril de 2025

¿Resucitaremos?

                                              




¿RESUCITAREMOS?                            20.04.2025


    En estas fechas, tras un largo invierno, la primavera se asoma a nuestras calles y salimos como enamorados a su encuentro. Y si hay una fiesta que se extiende por las calles de todos los pueblos y ciudades son las procesiones de Semana Santa. 

    Tiene gran calado en la sociedad con sus cientos de procesiones, triduos, besamanos y besapies. Está de moda. No hay barrio que se precie que no tenga hermandades y pasos nuevos. Conozco de primera mano, respeto y admiro el trabajo solidario que hacen muchas cofradías a lo largo del año pero creo que el despliegue de lujo y ostentación es excesivo. El propio arzobispo de Sevilla lo ha dicho estos días: “Las procesiones de Semana Santa no son un desfile”. Por algo será. 

    ¿De verdad hace falta tanto? ¿Tantas Vírgenes y Cristos con nombres rimbombantes? No reniego de la “fe de mis mayores”, de las tradiciones “admirables”, de la presencia de obras de arte en nuestras calles, de la riqueza musical e imaginera, de los momentos únicos de devoción pero no nos confundamos. 

No es nada nuevo. Hace más de un siglo Machado ya hablaba de que en toda esa exhibición no había “átomo de religiosidad”. Estoy segura de que ahora es infinitamente superior. Suena “La saeta” por doquier pero casi nadie sabe lo que quiso decir don Antonio en su poema.

    Lo que empezó como una ilustración catequética para el pueblo se ha convertido en idolatría y negocio. “¿En qué habéis convertido la casa de mi Padre?” nos recordaría Él con seguridad. ¿Quién tiene en cuenta más allá del sentimentalismo superficial lo importante de estos días? 

    Los gobernantes también impulsan sin medida estas fiestas y se hacen devotos de todas las imágenes. Devotos de los votos, de los restaurantes y los hoteles llenos en sus ciudades. Y viendo el precio y funcionamiento de las sillas y tribunas… en ciudades como Málaga vamos hacia una Semana Santa en la que se privatiza el espacio público, con procesiones para ricos y guiris.

    Toda esa exhibición es turismo y es folklore pero dista mucho de la fe, del amor fraterno, de Él. Cuidado con ser capillitas que después no cumplimos con nuestro trabajo, evadimos impuestos, sembramos odio en nuestras familias y en nuestro entorno, rivalizamos con la cofradía de enfrente, con el del otro barrio, con el del equipo contrario, prendemos la mecha en redes sociales y permanecemos en silencio ante un mundo lleno de guerras y holocaustos. Que la gomina, los trajes, las mantillas y el incienso no nos unja con la hipocresía de creer ser buenas personas. Que no sea un desfile de Tartufos, de fronteras y puños cerrados, de procesiones llenas y sagrarios vacíos. 

    Deberíamos aprender a unir nuestros hombros con fuerza y valentía no solo debajo de un trono sino durante todo el año y levantarnos todos a una en tantas cosas. 

    Es lo que veo y lo que siento. Dios me libre de juzgar a nadie. Feliz Semana Santa y, si eso, resucitemos.


jueves, 27 de marzo de 2025

Premios







PREMIOS                                                            17.3.2025

    Últimamente compruebo cómo no paramos de dar premios y hacer homenajes. En los últimos meses, las medallas y banderas de Andalucía; ahora en Jaén, los premios de la provincia y así un largo etcétera en pueblos y ciudades. Y que tire la primera piedra quien no guste de un reconocimiento. Además, solemos pensar que lo merecemos más que los demás. Ea, somos así.

    No sé si la cantidad de premios es excesiva o escasa. Recuerdo a uno de mis tíos agricultores que dedicó su vida noche y día a sus tareas. Cuando en mi casa veíamos en televisión la entrega de la Medalla del Trabajo, nos sonreíamos pensando que él era el mayor merecedor. Pocos o muchos reconocimientos, lo importante es que sean acertados y que concilien al mayor número de personas posible. Veo que muchas veces lo que mueve los premios es el amiguismo y que nunca se dará a quien está en el polo opuesto, aunque lo merezca. Ya Aristóteles afirmó: “La dignidad no consiste en poseer honores, sino en merecerlos”.

    Hay premios que llegan asombrosamente pronto. Y puede que esté bien. Otras veces se premia a gente con más deméritos que méritos pero que dieron en el blanco en algún asunto. Lo lamentable son los que llegan tarde, demasiado tarde o nunca. Por fin se acuerdan de reconocer al Orfeón Santo Reino. Solo han cantado durante más de setenta años de forma ininterrumpida en Jaén y en gran parte de Europa. Y es una de las formaciones corales más antiguas de Andalucía. Creo sinceramente que ya es hora. No solo de homenajear sino de apoyar ante las piedras que se encuentran en el camino cuando hay tantos kilómetros de recorrido.

    En este tema, hay un caso que me parece sangrante en Jaén: Luis Berges. Ha recibido algunos reconocimientos, pero no los suficientes ni en su ciudad ni en su región. Este arquitecto con un siglo de vida, que ha restaurado todo el patrimonio de la ciudad y muchos edificios imprescindibles de la provincia (¡¡novecientos proyectos arquitectónicos!!) y todavía tiene fuerzas para reclamar a las administraciones que no dejen caer más patrimonio y que conviertan a Jaén en la única ciudad europea con dos baños árabes, ¿todavía no lo merece? Lo conocí hace dos décadas practicando senderismo por la Sierra Sur. Me asombró su habilidad para moverse por los senderos y veredas a pesar de su edad. Pero también me llamó la atención su mirada perspicaz. La mirada cuidadora e incansable de amor hacia su tierra. Probablemente él no necesite homenajes, pero es de justicia. Ya se sabe lo de que quien más hace, menos merece; que nadie es profeta en su tierra; que el elogio de lo propio envilece… y todas esas creencias que dañan siempre a los mejores. El acierto en reconocer lo valioso, sea propio o ajeno, engrandece a quien lo hace. Así lo manifestó J. F. Kennedy: “A una nación se la conoce por los hombres que produce, pero también por los que honra”.

    Pienso en esto mientras paseo por el castillo de Bellver en Palma de Mallorca, precisamente donde sufrió prisión nuestro insigne Jovellanos. Otro ejemplo de amor a España y afán por construir un país civilizado. Se me encoje el corazón ante tanta entrega mal entendida. También compruebo apenada cómo los homenajes empezaron justo unos años después de su muerte.

    Permitidme que ponga en cuarentena los reconocimientos rimbombantes. Creo que hay que buscar entre la gente anónima, en su trabajo responsable sin pretensiones de los brillos fatuos de las medallas ni de los flashes. Para premiados o no, siempre quedará la posteridad.

 

lunes, 3 de febrero de 2025

Todos a Fitur






 TODOS A FITUR                                                                26.01.2025


Me parece estupendo que se celebre la Feria Internacional de Turismo. Y ya van casi cincuenta años. Soy consciente de la importancia del sector en nuestra economía. No hay nada más que ver el relieve del tema en las redes sociales y los medios de comunicación estos días. Pero debido precisamente a eso, cambiaría el sentido de la R final del acrónimo. Fitur para mí sería “Feria Internacional de Turismo Reflexivo”. Por esto, quiero compartir algunas reflexiones e interrogantes sobre este tema.

Entiendo que sea un escaparate excepcional pero ¿debemos ir todos? ¿Tantos? Probablemente los 97 pueblos de Jaén tengan su espacio y por allí van a pasar un puñado de representantes municipales de cada uno de ellos. Como en la inauguración de las rotondas. Más todos los museos, cofradías, restaurantes, fiestas, vinos, aceites,... Un “todo” donde se corre el riesgo de que “nada” destaque. Quizás sería mejor turnarse y que unos años fueran unas comarcas y otros, otras y así quizás se ganaría en visibilidad pero entonces sería como un cumpleaños por turnos.

Andalucía cuenta con el pabellón más grande: 7200 metros cuadrados, setecientos más que en 2024. Si sigue aumentando, cualquier año llegará casi al límite de Despeñaperros y podrán visitar la Andalucía real. Si este despliegue lo multiplicamos por todas las comunidades autónomas es probable que en Ifema haya tanta información que realmente lo que se consiga sea desinformar. No es posible concentrar ni prestar atención a la mayor parte de los pueblos de España además de los stands de otros países. 

Me da la impresión de que es una fiesta donde nuestros representantes van a hacerse la foto junto a quien interesa en ese momento, aplaudir épicas performances y disfrutar a costa de los ciudadanos con la excusa de exaltar el terruño. No entiendo que vayan alcaldes que descuidan el patrimonio, que no tienen infraestructuras ni luchan por ellas. En algunos casos, incluso lo que fomentan es el deterioro, p.ej. macrogranjas, industria contaminante, vertederos, monumentos abandonados o expoliados, etc. Espero que estas visitas a Madrid sirvan para aprender de la gestión ejemplar de otros sitios. Creo que falta cultura turística y empresarial. Hay pueblos en los que, por muy pintorescos que sean, no hay buenas comunicaciones ni recursos ni táctica ni estrategia. Alguna vez he llamado por teléfono demandando alojamiento turístico y la respuesta ha sido: “No sé el precio”, “No sé si estará libre”, “Eso lo lleva mi marido”,... En cuanto a gastronomía, salvo nuestras honrosas excepciones, también hay sitios en los que es difícil alejarse de la carta tradicional, de la sillas y mesas con publicidad, del mantel de papel y del camarero poco profesional. O simplemente lo que falta en un pueblo de sierra es un buen mesón. A este país de camareros todavía le falta mucho para ofrecer turismo de calidad. Me alegraría sin límite si esas docenas de empresarios andaluces trajeran negocios que hicieran a Andalucía más próspera y no solo sirvan a intereses puramente económicos y demasiado lejanos a nuestra tierra.

Esto me lleva a otra pregunta: ¿Qué tipo de turismo queremos? ¿Ciudades como parques temáticos masificados que hacen las ciudades inhabitables y empeoran la calidad de vida de los lugareños? Por no hablar de los pisos turísticos. Esto no es nada nuevo. Las numerosas visitas a la última casa en la que habitó Shakespeare hicieron que en el siglo XVIII uno de sus vecinos se hartara y la quemara hasta los cimientos. Lo echaron del pueblo pero se quedó tan a gusto. Y hay mucha gente que cree que hay que replantear el tema, reflexionar sobre él y evitar el turismo masificado y dañino con el que perdemos aunque creamos ganar. 

Y lo que hay en el fondo de todo: ¿Dónde queda el medio ambiente? Me temo que donde se instala el dinero, nos olvidamos de ese tema. Para mí, eso no es amar ni esta ni ninguna tierra. Ojalá que en una provincia emergente y con muchas posibilidades a nivel turístico como es Jaén en la que el turismo de naturaleza es tan significativo, se crezca sin perder el norte ni el equilibrio, cuidando todo lo saludable para compartirlo y disfrutarlo los que estamos con quienes vengan.