HÉROES Ideal 28.07.26
Cada época tiene sus héroes. Lo comprobé durante la final del Mundial al ver en el palco a unos señores con corbata que los niños de hoy no conocen. Sin embargo, hace dieciséis años fueron los chavales que nos trajeron el triunfo en el primer mundial para España. Eran Iniesta, Casillas, Sergio Ramos y el resto del equipo.
El cine también lanza héroes que atrapan a cada generación. De Supermán al Capitán Trueno pasando por Batman.
Pero hay héroes de todos los tiempos, héroes eternos. Este verano el cine nos ofrece la posibilidad de volver a acompañar a Ulises camino de Ítaca veinticinco siglos después. Eso sí que es una heroicidad.
Los ídolos del fútbol aportan muchos beneficios. Crean ilusión, alegría y una unión desconocida en España, pero su triunfo es efímero. Días después, arriamos la bandera y volvemos a nuestra lucha cainita. Al menos, durante un mes podemos decir “que nos quiten lo bailao”.
Aunque dejé de ver partidos hace mucho tiempo, he conseguido en estos días prestar atención a un partido casi entero. Admiro el trabajo en equipo y la belleza que consiguen estos muchachos a las órdenes de un entrenador carismático. Aportan valores positivos a los niños y jóvenes que los siguen. Estos muchas veces están abocados por sus entrenadores, por sus propios padres y por el sistema a un fútbol agresivo en el que más que disfrutar haciendo deporte entre amigos, se busca fama y dinero a toda costa.
Valoro la preparación, el esfuerzo, el sufrimiento y todo lo que hemos visto estos días. Y lo que no se ve, que es más épico todavía. Algunos de ellos cargan con un pasado difícil a sus espaldas. Esa odisea particular sí que se debería contar y conocer.
La realidad es que nos hacen felices. Esa es su grandeza. Igual que los juglares que contaban las hazañas del Cid de pueblo en pueblo valiéndose de todo tipo de artificios. En estos días, el carnicero, el abogado, el autónomo o el jubilado se olvidan de sus penalidades y son dichosos. No es poca cosa. A nuestros gobernantes además les sirve para distraernos de otros asuntos con “pan y circo”. Nosotros enseguida nos enganchamos a los memes y sacamos todo nuestro repertorio de tópicos nacionales.
Las cifras son escandalosas. Todos los españoles de bien y muchos ciudadanos del mundo vieron el partido. Cerca de dos millones de personas han recibido en Madrid a los jugadores. ¡Menuda manifestación! Y este verano estarán a todas horas presentes en nuestras vidas, ya sea anunciando un helado o un fijador del pelo.
Si lo pensamos con frialdad, ¿de verdad es para tanto?, ¿no hay otra cosa?, ¿debemos todos entrar por el aro?
Para mí, son pequeños héroes o héroes por unos días.
Mis héroes no hacen disfrutar sino que salvan vidas. Su sufrimiento no les lleva a lesionarse o a hacerse millonarios. En ocasiones les lleva a entregar su vida. No juegan sino que se la juegan.
A veces, los ponemos en riesgo de forma innecesaria y, después, como buenos espectadores, nos quedamos mirando su trabajo. O como mucho admirando por un rato. Con una corona o una medalla cumplimos.
Me estoy refiriendo a miembros de fuerzas de seguridad, bomberos, sanitarios, educadores y a todas aquella personas que con su trabajo “desfacen entuertos” y nos salvan. Y sin alcanzar el reconocimiento ni la recompensa de los que golpean el balón.
En la película “El Hobbit”, cuando Galadriel le pregunta a Gandalf por qué ha elegido a un ser tan insignificante como Bilbo Bolsón para una misión tan peligrosa, el mago contesta: “A menudo son las pequeñas acciones cotidianas de la gente común las que mantienen a raya la oscuridad... pequeños actos de bondad y amor”.
Disfrutemos del momento, de la fiesta y de la alegría, pero no perdamos la perspectiva. A los héroes de más de dos estrellas, los de verdad, los de la covid, la DANA, las inundaciones, los incendios y el día a día, de los que no tenemos autógrafo ni camiseta, hay que cuidarlos mucho más. Mucho más. Mucho más.
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