ESCRITORES EN LA FRONTERA Ideal 23.2.2026
Estamos en
tiempos de radicalismos y catalogaciones cerradas en todos los ámbitos: los
diez libros del siglo, los profesores estelares, los mejores coches, las
películas imprescindibles… Todo esto sin entrar en encasillamientos políticos o
ideológicos. Es imposible manifestar acuerdos o desacuerdos con distintas
posturas sin el riesgo de ser etiquetado.
Y la
literatura, aunque sea hermana pobre en el paraíso consumista, no escapa a esta
moda clasificatoria: escritores de esta provincia o comunidad, premiados, no
premiados, de esta corriente o de la otra… No tenemos más que ver las redes
sociales. Más que a leer o a escribir, nos dedicamos a tildar y a hacer ruido.
Y en medio de ese sucio ruido “sucede que me canso de ser hombre” como escribió
Neruda.
Una servidora
ha sido recientemente incluida entre los escritores de la comarca de Guadix y
entre los de Valdepeñas de Jaén. Increíble, ¿verdad? Pues es posible. A ambos,
manifiesto mi agradecimiento infinito y en ambas orillas se asienta mi vida y
mi escritura. Y en el resto del planeta: “Mi única patria la mar”.
No soy
partidaria de exclusiones, clasificaciones o rivalidades y son demasiado
actuales las segregaciones geográficas de todo tipo. “Es de aquí o no es de
aquí” es parecido a “es de los nuestros o es de fuera”.
Escritores de
ayer y de hoy han viajado por el mundo sin necesidad de atarse a un lugar de
origen o a una única influencia. Y más en estos años de globalización. ¿Qué
habría sido de Shakespeare o Goethe sin la cultura grecolatina? No todos somos
Delibes, Proust, Verne o Dickinson y su anclaje a un territorio. Algunos, por
desgracia, tuvieron que ampliar horizontes de forma obligada debido al exilio.
En el ámbito
más cercano, Granada ha atraído y atrapado a escritores de la Andalucía
Oriental. Y ahí tenemos a la ubetense Mónica Doña o a la almeriense Carmen
Canet. Podemos encontrar a jienenses en otras provincias como Francisco Morales
Lomas, Carmen Camacho o Pedro Luis Casanova; y cordobeses de Cazorla como
Manuel Molina González. Granadinos como Antonio Enrique tuvieron casa e
inspiración en Úbeda o Antonio Praena que la sigue teniendo en Valencia. Y el
gran oriolano de Quesada. Por no hablar de andaluces de Chile como Marina Tapia
o errantes difusores de la cultura española por el mundo como Juan Vicente
Piqueras. Y esto es solo por nombrar algunos ejemplos.
Esta libertad
de movimiento, de orígenes e influencias mestizas es el mejor ejemplo que puede
dar la literatura a un mundo gris, fanático y excluyente. La mirada es más
libre si traspasa fronteras, si se enfrenta a la duda y abarca varios puntos de
vista.
Frente
a las batallas en el barro auspiciadas por demasiados tertulianos televisivos
de mirada única o por el reloj roto de las redes sociales convertidas en
vertederos inmisericordes, la literatura pone luz, belleza, cultura, moderación,
empatía o mano tendida más allá de las fronteras. Creo que algo así es lo que
cantamos los andaluces en nuestro himno estos días.
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