jueves, 26 de febrero de 2026

Escritores en la frontera





ESCRITORES EN LA FRONTERA                Ideal 23.2.2026

Estamos en tiempos de radicalismos y catalogaciones cerradas en todos los ámbitos: los diez libros del siglo, los profesores estelares, los mejores coches, las películas imprescindibles… Todo esto sin entrar en encasillamientos políticos o ideológicos. Es imposible manifestar acuerdos o desacuerdos con distintas posturas sin el riesgo de ser etiquetado.

Y la literatura, aunque sea hermana pobre en el paraíso consumista, no escapa a esta moda clasificatoria: escritores de esta provincia o comunidad, premiados, no premiados, de esta corriente o de la otra… No tenemos más que ver las redes sociales. Más que a leer o a escribir, nos dedicamos a tildar y a hacer ruido. Y en medio de ese sucio ruido “sucede que me canso de ser hombre” como escribió Neruda.

Una servidora ha sido recientemente incluida entre los escritores de la comarca de Guadix y entre los de Valdepeñas de Jaén. Increíble, ¿verdad? Pues es posible. A ambos, manifiesto mi agradecimiento infinito y en ambas orillas se asienta mi vida y mi escritura. Y en el resto del planeta: “Mi única patria la mar”.

No soy partidaria de exclusiones, clasificaciones o rivalidades y son demasiado actuales las segregaciones geográficas de todo tipo. “Es de aquí o no es de aquí” es parecido a “es de los nuestros o es de fuera”.

Escritores de ayer y de hoy han viajado por el mundo sin necesidad de atarse a un lugar de origen o a una única influencia. Y más en estos años de globalización. ¿Qué habría sido de Shakespeare o Goethe sin la cultura grecolatina? No todos somos Delibes, Proust, Verne o Dickinson y su anclaje a un territorio. Algunos, por desgracia, tuvieron que ampliar horizontes de forma obligada debido al exilio.

En el ámbito más cercano, Granada ha atraído y atrapado a escritores de la Andalucía Oriental. Y ahí tenemos a la ubetense Mónica Doña o a la almeriense Carmen Canet. Podemos encontrar a jienenses en otras provincias como Francisco Morales Lomas, Carmen Camacho o Pedro Luis Casanova; y cordobeses de Cazorla como Manuel Molina González. Granadinos como Antonio Enrique tuvieron casa e inspiración en Úbeda o Antonio Praena que la sigue teniendo en Valencia. Y el gran oriolano de Quesada. Por no hablar de andaluces de Chile como Marina Tapia o errantes difusores de la cultura española por el mundo como Juan Vicente Piqueras. Y esto es solo por nombrar algunos ejemplos.

Esta libertad de movimiento, de orígenes e influencias mestizas es el mejor ejemplo que puede dar la literatura a un mundo gris, fanático y excluyente. La mirada es más libre si traspasa fronteras, si se enfrenta a la duda y abarca varios puntos de vista.

               Frente a las batallas en el barro auspiciadas por demasiados tertulianos televisivos de mirada única o por el reloj roto de las redes sociales convertidas en vertederos inmisericordes, la literatura pone luz, belleza, cultura, moderación, empatía o mano tendida más allá de las fronteras. Creo que algo así es lo que cantamos los andaluces en nuestro himno estos días.


martes, 13 de enero de 2026

"Queridos Reyes Magos": competencia lingüística navideña



Publicación en Ideal en Clase 


“QUERIDOS REYES MAGOS”: COMPETENCIA LINGÜÍSTICA NAVIDEÑA      6.1.2026

En estos días de Navidad, es inevitable recordar el espectro de las Navidades pasadas. Y aparte de recuerdos familiares, folklóricos o gastronómicos, la inclinación profesional me lleva a temas lingüísticos y literarios.

Antes del elfo que hace travesuras a escondidas de forma silenciosa o de la famosa onomatopeya de Papa Noel (¡Jojojo!), la Navidad también era una oportunidad para adquirir competencia lingüística y literaria. No había Navidad que no empezara con el envío de una felicitación navideña, después llamada christmas con la invasión de los anglicismos. Incluso nuestros familiares semianalfabetos escribían: “Te escribo estas cuatro letras para desearte Felices Pascuas y próspero Año Nuevo…”. “Pascuas” o “Próspero” eran algunas de las palabras que no escucho hoy en ningún contexto. Quizás porque la prioridad ahora no es prosperar sino algo mucho más desmesurado. Incluso los villancicos, con sus letras absurdas a veces, también nos enseñaron vocabulario (aguinaldos, anafre, arrullo, delirio, fulgurar…), juegos de palabras y recursos literarios de todo tipo (chiquirriquitín; yo me remendaba, yo me remendé). Y por supuesto, reflexiones profundas al ritmo de una pandereta como el que deslumbró a Pedro Antonio de Alarcón en su niñez: “La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”. Así lo recoge en La Nochebuena del poeta, un cuento imprescindible para Navidad. En cualquier caso, todo ello era uso y reflexión sobre la lengua.

               La Navidad terminaba con la ansiada carta a sus majestades. Tras el encabezamiento de “Queridos Reyes Magos” se sucedía una lista interminable de peticiones que en la mayoría de los casos no eran escuchadas. Y así era como los niños, sin darnos cuenta, aprendíamos la estructura de la carta, buena letra, limpieza y presentación, ortografía, puntuación, riqueza de vocabulario, cortesía verbal y una sucesión de asíndeton o polisíndeton.

               Esto sí que era competencial. Aglutinaba conocimientos y habilidades que se aplicaban y utilizaban en situaciones reales. Que te trajeran el juguete deseado dependía del buen comportamiento y las buenas notas y de “saber escribir” una carta. Menudo desafío.

No sé si los niños escriben cartas en la actualidad. Me temo que no. No es necesaria la paciencia o la espera hasta el final de la Navidad si están recibiendo regalos desde finales de noviembre. Todo gracias a la incorporación de la Navidad comercial y consumista americana.

Me comentan algunos adolescentes que ellos no felicitan, como mucho en Año Nuevo. Y esto es un ejemplo de cómo la cortesía y la competencia lingüística de niños y adolescentes van mermando. Los mayores tampoco hacemos mucho más. Escribimos frases típicas y reenviamos mensajes de humor. Algo es algo.

La Navidad es un paréntesis de tiempo libre apropiado para reuniones, juegos, lecturas y cine. Y en todo esto tiene cabida el uso de la lengua y el acercamiento a la literatura de forma lúdica.

               De la competencia lingüística del resto del año hablaremos en otro momento. Por ahora, solo me queda pedir a los Reyes Magos más expresión oral y escrita para comunicarnos, más lecturas para comprendernos, más lenguaje no verbal para abrazarnos y más diccionarios para encontrar palabras y significados exactos. Quizás pequeños y mayores tropecemos alguna vez con las palabras PAZ, AMOR, SALUD y las cuidemos de verdad. ¡FELIZ AÑO! ¡FELIZ DÍA DE REYES!