lunes, 16 de septiembre de 2024

Sabores alcudianeros









SABORES ALCUDIANEROS

Es posible que cuando leáis estas líneas, recordéis vivencias del pasado, muchas de ellas relacionadas con las fiestas. También estoy segura de que el programa de Santo Cristo llegaba o llega a vuestras casas en los mismos días en los que se asan pimientos, se hace conserva de tomate o sangría de melocotón. Esto último para alegrarnos un poco más las celebraciones con nuestra familia y amigos.

               En mi caso, además de lo que he mencionado anteriormente, recuerdo a mi familia de fuera venir durante todo el verano y especialmente en las fiestas de Santo Cristo. Si les preguntábamos por las comidas que más les apetecían, lo que más añoraban por esta época era el ajillo o una buena fritada de tomate y pimientos asados con conejos o pollos caseros. Si eso iba acompañado de los restos de embutidos que podían quedar por esta época (morcilla, chorizo, lomo de orza,…), el menú ya era perfecto.

Otra fecha del verano en la que se disfrutaban estas viandas era en torno al quince de agosto, en un día de río o día de la Virgen, en el que se cocinaba en una lumbre al fresco de una alameda. Como dice el refrán popular: “Miel sobre hojuelas”.

               Lo mismo podemos decir de otras celebraciones a lo largo del año. Cualquier festividad iba acompañada de sus platos típicos. Podemos recordar el olor a dulces navideños amasados por nuestras madres y abuelas en las panaderías del pueblo. O las natillas, hojuelas, borrachillos, … que degustábamos en Semana Santa.

¿Y qué decir de la matanza? Conocer todo el proceso de curación de los embutidos o aliñar las masas con los “avíos” (matalahúva, orégano, pimienta, clavo, almendras…) era un auténtico ritual lleno de sabiduría ancestral y un festival para los sentidos.

Otras tareas como hacer vino o queso, que eran muy frecuentes en muchas casas, se han perdido en apenas una generación.

               En el día a día, todos hemos degustado o hemos oído hablar de manjares como alimentos, gachas, migas, sopas de pimientos y tomates, tallarines, gazpacho de pepino, talvinas, rinrán, asado, potaje de castañas o bolones, … Palabras como “macarros”, “engañifa”, “calostros”, “magrilla” o “el testamento del marrano” ya son palabras nos llevan a otra época. Son palabras que nuestros abuelos usaban en su rutina alimentaria, nuestros padres conocían pero usaban menos y las siguientes generaciones, ni una cosa ni otra.

               Seguro que recordamos el olor de las flores de un sitio, las guindas o las moras de otro, un parral concreto, aquellas higueras, … Y también ligado a algunos establecimientos que tenían tapas o bebidas exclusivas. Alguna gente mayor me ha recordado el sabor inconfundible de las pasas con aguardiente que servía mi abuelo Chusco en su taberna.

               Quizás a estas alturas del texto, los mayores tengáis la boca hecha agua y mucha nostalgia y recuerdos acumulados. Y por otra parte, es posible que muchos jóvenes estén totalmente ajenos a todo lo que estamos recordando.

               Es evidente que en esta sociedad globalizada, compartimos comidas con otras zonas de España o del mundo, pero también es innegable que tenemos ingredientes propios, un clima y una ubicación determinada que hace que nuestra tierra ofrezca productos que a lo largo de la historia se han cocinado o conservado de forma única. He podido comprobar cómo si nos alejamos unos kilómetros de nuestra comarca o de nuestra provincia, desaparecen las típicas ristras de pimientos secos que podemos ver en nuestros pueblos y que dan un sabor tan característico a nuestros platos. O la tradicional colación con chocolate y dulces del Viernes Santo que no se celebra en otros pueblos de alrededor.

Con los productos de proximidad o de kilómetro 0, cultivados de forma ecológica en nuestra vega (que tienen un sabor mucho más auténtico que lo que compramos en el supermercado) y con nuestras recetas, en otros sitios, grandes cocineros hacen alta cocina, mirando hacia su pasado.

               Nuestra gastronomía surge principalmente de la ganadería y de la agricultura, agri y cultura. Es nuestra forma de ver el mundo, es nuestra historia, es la forma en la que hemos afrontado la supervivencia de generación en generación a lo largo de los siglos. Y todo ello es algo exclusivo, nuestro, de igual forma que en otros lugares tienen otros productos y tradiciones.

Nos sorprendemos cuando vemos a los británicos tomar embutidos y huevos en opíparos desayunos. Sin embargo, desconocemos que nuestros abuelos desayunaban gachas y migas antes de irse a trabajar o que tomaban olla con carne o tocino mientras estaban segando en el Cerrajón.

               Los niños de hoy son aficionados a programas de televisión sobre cocina pero quizá no han amasado y aliñado lo suficiente con sus abuelas.

De comidas hablan los libros de viajes, los libros de historia o las obras literarias. Nuestro paisano Pedro Antonio de Alarcón recoge en su libro El sombrero de tres picos los productos que se recogían hace exactamente ciento cincuenta años y que nos siguen siendo familiares:

lo que daba el tiempo, ora habas verdes, ora cerezas y guindas, ora lechugas en rama y sin sazonar, que están muy buenas cuando se las acompaña de macarros de pan de aceite; […], ora melones, ora uvas de aquella misma parra que les servía de dosel, ora rosetas de maíz, si era invierno, y castañas asadas, y almendras, y nueces, y de vez en cuando, en las tardes muy frías, un trago de vino de pulso (dentro ya de la casa y al amor de la lumbre), a lo que por Pascuas se solía añadir algún pestiño, algún mantecado, algún rosco o alguna lonja de jamón alpujarreño.

               La gastronomía local es tan patrimonio como un monumento o un acontecimiento histórico. Y hay unas preguntas que quiero compartir con vosotros: ¿Conocemos nuestras recetas típicas? ¿Las cocinamos? ¿Están en vías de desaparición? Creo que es difícil encontrar gente menor de cincuenta años que sepa cocinar nuestras recetas. Me temo que muchas recetas se han perdido o solo quedan en la memoria frágil de las abuelas, que guardan esos secretos culinarios y cocinan para sus familias con mucho amor.

Ya en el siglo XIX la escritora Emilia Pardo Bazán puso por escrito lo que muchos pensamos: “Cada nación tiene el deber de conservar lo que la diferencia, lo que forma parte de su modo de ser peculiar”. Cada nación y cada pueblo. Este abandono, como ocurre en otros campos, es una pérdida de identidad total, un desprecio a nuestra cultura, a nuestro patrimonio y a nuestra historia. Está bien estar abiertos al mestizaje, a otros sabores y costumbres, pero si perdemos lo nuestro, nadie lo recuperará. Quizá una libreta en mano y una conversación con las mujeres mayores de nuestro pueblo o de nuestra casa sea el primer paso.

La comida es compartir, es vivir con nuestra gente, es recordar momentos de disfrute y encuentro, de infancia y juventud, de fiestas, de risas, de amistad en torno a una tapa, una comida, un dulce o un vaso de sangría. Que no nos falten esos momentos donde reside la mayor de las riquezas.

¡Buen provecho!




 

sábado, 31 de agosto de 2024

Reencuentros



REENCUENTROS                                                                    25.8.2024

    Acaba de pasar el ecuador del quince de agosto, una fecha y un mes que no dejan indiferente a casi nadie. Cuando las vacaciones rompen nuestras rutinas se producen alteraciones positivas y negativas a las que hay que adaptarse. Pueden ser de todo tipo: físicas, psíquicas, sociales, familiares, profesionales,... Es también el momento de encauzar el futuro, de reconducir el camino y de encontrarnos con nosotros mismos.

    Pero es en el encuentro y en el reencuentro, en ese pequeño detalle del prefijo re-, donde quiero poner la atención. 

    En verano se suelen producir las vueltas a los lugares habituales de vacaciones y a los pueblos de origen. Y sin gran esfuerzo nos reencontramos con paisanos y gente conocida.

    Hay reencuentros insustanciales o tediosos que están modelados más por las relaciones familiares, la cortesía social y el mundo de las apariencias que por el deseo de compartir tiempo con alguien.

    Pero otras veces los encuentros, esperados o no, hacen palpitar el corazón y llevan a un pasado compartido, a los recuerdos de infancia y adolescencia o a experiencias imborrables.

   Hay impulsos inconscientes que hacen que determinadas personas nos atraigan, produzcan admiración y coincidencia en la forma de ver la vida. Volver a ver a esas personas nos conmueve y produce una alegría inconmensurable. 

    Por otra parte, mayoritariamente en los pueblos ocurre el fenómeno de que solo por pertenecer a una familia, de ser hijo de, hermano de,...  se abren las puertas y el corazón.

    En estos casos no importa el tiempo que lleven sin verse. A veces no es necesario ese contacto diario que permite la tecnología actual. El tiempo se congela y se vuelve a un pasado lejano “como si fuera ayer”.

  Suele pasar que cuando recorremos una distancia corta podemos encontrarnos, saludar, interesarnos o que se interesen por nosotros un buen puñado de personas. Estas continuas paradas provocan sorpresa a aquellos acompañantes poco acostumbrados a estas rutinas. 

    Como dice mi admirado Andrés Ortiz Tafur: “Si estos reencuentros ocurren en fiestas, recibimos y damos los besos y abrazos de todo el año en tres o cuatro días”.

    Esto es pueblo, es comunidad, es hermandad, es humanidad.

    A veces el encuentro va también acompañado de algún pequeño obsequio, normalmente productos caseros o de la huerta (huevos, pimientos, tomates, frutas, carne,...) con los que ofrecen lo que ellos mismos han criado o cultivado. Son detalles en  apariencia poco glamourosos pero de una calidad y un valor insuperables. Son regalos que saben a gloria y con los que los vecinos dan lo mejor que tienen.

    En un mundo en el que todo hay que pagarlo y cuanto más vale, más importancia le damos, estas situaciones, estos reencuentros especiales no tienen precio.

    A veces estas casualidades, además de transportar al pasado y alegrar el presente, quizá puedan cambiar el rumbo del futuro. 

    En cualquier caso, cuando cerramos la maleta del verano ya esperamos las sorpresas del verano siguiente. Como escribió Dickens: El dolor de separarse no es nada comparado a la alegría de reencontrarse.


miércoles, 14 de agosto de 2024

“El sombrero de tres picos” ciento cincuenta años después

 


“El sombrero de tres picos” ciento cincuenta años después

                                                                                                    IDEAL GRANADA 12.8.2024

     Nadie pone en duda que el accitano Pedro Antonio de Alarcón se encuentra en un lugar principal en el mundo de las letras hispanas. Parece que fue el novelista más leído durante tres décadas del siglo XIX. Prueba de ello son las numerosas reediciones y traducciones y los grandes elogios recibidos por parte de la crítica. Además de escritor, fue periodista, académico, viajero y testigo de su época, lo que le llevó a crear una obra rica, variada y amena.

    Su obra no se ha dejado de leer y estudiar a lo largo de los años. Pero no lo suficiente. Conozco a un puñado de fieles estudiosos alarconianos, sobre todo en su tierra natal. A pesar de esto me pregunto quién lo lee, qué hacen en su Granada, en su Guadix por conocer, disfrutar y difundir su obra.

    Hace un par de años, en julio, en un aniversario de su muerte, consulté en redes sociales si había alguna actividad conmemorativa en su ciudad natal. Hubo quien me contestó con cierto malestar diciendo que Pedro Antonio ya tenía una estatua en el parque, había un premio (por cierto, muy valioso) y un instituto con su nombre. A lo que podríamos añadir que da nombre a las calles de la movida de finales del siglo XX en la capital granadina. Y ya está. Con eso era suficiente.

    El caso es que hace unos días, el 2 de agosto de 2024 se han cumplido 150 años de la publicación de una obra fundamental, El sombrero de tres picos. La obra, inspirada en el romance de “El corregidor y la molinera”, apareció primero por entregas en la prensa y después en un volumen. Alcanzó un gran éxito de crítica y gran difusión. Se trata de una obra que, además de la influencia literaria, encandiló e inspiró a grandes artistas del mundo de la música y la pintura como Manuel de Falla, Pablo Picasso o Salvador Dalí. El primero compuso la música para los ballets rusos de 1919. Creó una obra con gran riqueza musical en la que hay gran variedad de ritmos, referencias musicales a artistas como Beethoven,... Posteriormente incluso ha sido adaptada para guitarra flamenca por Paco de Lucía. Picasso, por su parte, diseñó el decorado y los figurines. Por último, Dalí ilustró una edición francesa de 1959. Además esta obra también se ha llevado al cine en varias ocasiones.

    En mi opinión, la mejor edición que existe de la obra salió en 2009 en la editorial Padaya de la mano de grandes alarconianos como Luis Muriel Burgos y Julio García de los Reyes. Algunos cafés nos tomamos hablando de las posibilidades didácticas de la obra, proyecto que se vio truncado por el temprano fallecimiento de Luis Muriel.

    Llevo esperando más de medio año que alguien hable del ciento cincuenta aniversario de El sombrero de tres picos. Hasta donde yo he podido saber, solamente ADEPA, una asociación que defiende el patrimonio, y algún que otro particular, lo han reivindicado en estos meses.

    En la Red de Bibliotecas escolares de la provincia de Granada parece que no ha calado este aniversario en el pasado curso. Por otra parte, hace unas semanas pasé por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Guadix, pregunté por el tema y me dijeron que algo había previsto después del verano. Me llevé una grata sorpresa cuando hace unos días organizaron una magnífica ruta por el Guadix de Pedro Antonio de Alarcón, guiada magistralmente por el profesor José Manuel Rodríguez Domingo. Y además con gran afluencia de público. Lo curioso es que parece que la bombilla se les “encendió” a partir de mi comentario reivindicativo. A lo mejor debemos hablar, pedir y sugerir más. Desde el Ayuntamiento me aseguran que se avecinan buenas iniciativas en el futuro. Y algunos lo esperamos ansiosos.

    Siento envidia cuando en Granada se huele, se saborea, se palpa, se respira a Lorca, en Soria a Machado, en Praga a Kafka o en Dublín a Joyce,... ý me da pena que Guadix, la comarca y la provincia de Granada le den la espalda una vez más a Pedro Antonio de Alarcón.

    Siempre en su tierra las iniciativas han sido escasas y aisladas y nunca ha habido un programa estable sobre el gran escritor y su obra. Es evidente que se puede y se debe hacer mucho más. Lo mismo que se reivindican otras fiestas y tradiciones, por ejemplo el Cascamorras, el Carbonero alcalde en La Peza, ahora la leyenda del monstruo de Ferreira,... Guadix debería estar llena de corregidores y molineras, tío Lucas y Garduñas, capitanes Venenos, Venegas y Fabianes Conde, mujeres altas y calaveras con clavos,... Debería haber fechas, rutas, congresos, encuentros, dramatizaciones,... y todo lo que se nos ocurr.

    ¿Y qué decir del mundo educativo? Es una auténtica barbaridad que en los colegios, institutos, escuelas de artes, centros de profesorado, bibliotecas escolares de la ciudad, la comarca y la provincia no se lea y se difunda la obra de Pedro Antonio entre el alumnado. Los que conocemos ese campo sabemos todo lo que se promocionan determinados temas y efemérides. Con financiación del Ministerio de Educación y de la Junta de Andalucía he recorrido varias veces nuestro país y nuestra comunidad acompañando a escolares en rutas literarias, culturales y científicas y puedo asegurar que eran viajes de mucho mayor calado que cualquier viaje de estudios al uso. ¿Dónde están las unidades didácticas y las situaciones de aprendizaje que acerquen a los más jóvenes a Pedro Antonio? Si nosotros no conocemos, compartimos y amamos lo nuestro, ¿quién lo va a hacer?

    Las iniciativas también pueden venir desde otras instancias. ¿Por qué no el apoyo de la prensa granadina con una edición por entregas como la primera? ¿Y la labor activa del Centro de estudios alarconianos? ¿Y una edición conmemorativa a cargo de la Diputación provincial? ¿Dónde recalará por fin la sala alarconiana? Creo sinceramente que estamos desperdiciando un tesoro que habla de nuestra idiosincrasia y de nuestra propia historia. Creo que, a todos los niveles, seguimos dándole la espalda a nuestro gran escritor.

    No quiero perder la esperanza. Quiero dormir lo que queda de verano y soñar con un otoño y un futuro alarconiano. Quiero pensar que todos estos meses han sido de preparativos y reuniones y que, a la vuelta de vacaciones, desde todos los ámbitos y rincones de nuestra tierra, desde este valle risueño, se está trabajando para hacer justicia a nuestro Perico.

 

jueves, 18 de julio de 2024

La pandemia de la soledad



 

LA PANDEMIA DE LA SOLEDAD                                                        14.07.2024

   Parece que hay culturas como la mediterránea en las que las relaciones sociales son más importantes. Nos gusta el sol, la calle y estar con la gente. Y especialmente en verano. En cambio, en otras zonas más frías hay mayor tendencia al recogimiento y a la soledad.

    Aprender a estar solos es quizá una asignatura pendiente en nuestra cultura. Estar con uno mismo, entregados a un libro o a alguna afición llena los vacíos que intentamos compensar apoyándonos en los otros. Aunque también hay que diferenciar la soledad elegida y la soledad impuesta.

    El estilo de vida, especialmente en las ciudades de muchas partes del mundo, está abocado a las prisas, a la incomunicación y al aislamiento frente a décadas anteriores en las que las familias eran tribales y los barrios y las comunidades de vecinos eran auténticas redes de convivencia y soporte mutuo.

    La soledad es una de las grandes pandemias internacionales. De hecho, hay países como Japón o Reino Unido que tienen un Ministerio de la soledad.

   Esto se agudiza cuando se trata de personas mayores o con algún grado de dependencia. La imposibilidad de comunicarse con alguien cercano hace que el único refugio sea el pesimismo. Y el verano rompe las rutinas, los cuidados y los servicios, dejándolos en un compás de espera del abandono hasta el otoño.

   Hace unas semanas RTVE nos ofreció un reportaje sobre los ancianos en Japón, el país más envejecido del mundo. En el país nipón, cada año cinco mil ancianos cometen pequeños hurtos para entrar en prisión. Así consiguen salir de la precariedad, encuentran comida, atención médica y, sobre todo, compañía.

   Me sorprendo cuando unos amigos que han hecho un crucero por todo el mundo durante varios meses me dicen que han fallecido varias docenas de ancianos a bordo. Por lo visto, cuando hay más solvencia económica, algunos abuelos eligen crucero en lugar de geriátrico. Se embarcan continuamente para estar cuidados, acompañados y morir en alta mar si se tercia.

    Esta pandemia silenciosa está siendo paliada cada vez más por asociaciones, empresas o proyectos. Es el caso de la empresa jienense Macrosad, recientemente galardonada con el premio Ideal 2024 de Economía. Se dedica a cuidar y a conectar generaciones desde hace treinta años. Con origen en Jaén se ha extendido con acierto por todo el territorio nacional.

    Afrontar este problema con el que tarde o temprano nos toparemos es responsabilidad de todos. Es verdad que no es fácil asumir cuidados. A veces las relaciones familiares son complicadas y con la edad todo se retuerce. Pero también he conocido cómo la alegría compartida con ellos es más alegría y lo que por una parte puede ser una carga o un lastre, también nos sostiene y nos enriquece.

   No sé qué sustantivo abstracto elegir: solidaridad, generosidad, conciencia, valores, filantropía,... Pero el resultado debe ser muy concreto: envejecer de forma más humana. Podemos probar con una llamada o una sonrisa. Es posible que en verano tengamos un poco de más tiempo, también para ellos. 

lunes, 8 de julio de 2024

V Certamen de poesía ALIAR




SOBRE LOS TEJADOS DE DUBROVNIK

“El agua del mar cura todos los males del hombre” 

(Eurípides)

Aquella tarde paseamos

por las murallas junto a los tejados de Dubrovnik.

Entre tejas rojas y ocres,

entre la destrucción y sus testigos.

Seguimos la dirección que marcan

los escasos dos kilómetros

subiendo y bajando 

extasiados ante el brillo terroso de la ciudad de piedra

a nuestros pies. 

Oeste, Sur, Este y Norte

mientras el atardecer ponía 

una caricia tornasolada en nuestra espalda 

y en los tejados de Dubrovnik. 


En silencio imaginamos acongojados

el horror cainita del ayer:

los miles de refugiados 

los miles de cadáveres

según las sombrías estadísticas de la ciudad. 


Y nos besamos.

Entre tejas rojas y ocres nos besamos.


Nos conjuramos para conjurar el odio 

y embalsamar las torres y callejuelas heridas

ansiosos de que sea solo un golpe de mar,

un golpe adriático de agua salada y curativa

quien asedie la fortaleza inexpugnable

y bañe de azul 

y cicatrice

las tejas rojas y ocres de la ciudad petrificada.

Perdónalos, Dubrovnik. Perdónanos.




Entrevista a Rodrigo Fresán

 



Fue un placer charlar con este gran escritor argentino. 


jueves, 13 de junio de 2024

Cultura saludable

                                                     
CULTURA SALUDABLE                                                    10.6.2024

    Hay épocas del año en que suelen aflorar los deportistas por las calles. En Jaén suele ser en vísperas de la carrera de San Antón y en primavera, cuando se vislumbran en el horizonte las vacaciones.

    Conozco gente que vive en zonas lluviosas y camina a diario. Principalmente porque si lo hicieran solo con buen tiempo, casi no saldrían.

    He defendido en muchas columnas el tiempo para leer y crecer interiormente (mens sana). Hoy toca el corpore sano.

    No es necesario afirmar que el deporte en general, todo lo que nos saque del sedentarismo tan impropio del ser humano, es beneficioso para la salud, para vivir más y mejor.   

    Hace siglos que Hipócrates nos dejó reflexiones muy sabias como esta: “La mejor medicina de todas es enseñarle a la gente cómo no necesitarla”. El dilema es qué deporte hacer, cuándo, cómo, dónde,...  

    A pesar de pasarnos toda la vida escolar en clases de Educación Física creo que no se  mentaliza lo suficiente sobre la importancia del deporte, de la necesidad de averiguar qué tipo de ejercicio es adecuado por edades, por sexos, por gustos,... y que vivimos en el total desconocimiento de nuestro cuerpo y de las necesidades de cada etapa. Lo fácil es correr detrás de una pelota sin más. Hasta hace poco no se ha insistido en la conexión entre deporte y salud mental o lo beneficioso que es para las mujeres hacer deporte en etapas como la adolescencia o la menopausia.

    Y nos lanzamos al ruedo deportivo por motivos tan espurios como la operación bikini o caber en un vestido para algún evento sin concienciarnos de la importancia de cuidarnos todo el año.

    Con esta nula formación, nos aventuramos con algún deporte, a veces haciendo grandes excesos, sin conocer nuestras características físicas, las posibles lesiones que se pueden generar,... y muchas veces es peor el remedio que la enfermedad. Aunque siempre habrá algún fisioterapeuta esperándonos.

    Es verdad que cada vez hay una mayor cultura del cuidado personal. No hay barrio en el que no encontremos varios gimnasios, centros de bienestar, médicos o fisios orientando y animando a hacer ejercicio,... Quizá faltan más equipos de todas las categorías y deportes, especialmente femeninos.

Otro factor importante es el negocio de la salud. De unas zapatillas no tenemos conocimientos sobre el tipo de pisada, su dureza o elasticidad, pero sí conocemos todas las marcas y, sobre todo, que sean iguales a las que lleva fulanito o menganito. Y así con el resto del material deportivo.

    Es verdad que cuanta más información tengamos, también en esta materia, mejor. Pero quizá para empezar no está mal coger el hábito de salir todos los días a dar un paseo, a despejarnos con unos miles de pasos a nuestra espalda. Dijo Charles Dickens: “La suma de todo es esta: caminar y ser feliz, caminar y estar saludable. La mejor manera de alargar nuestros días es caminar con paso firme y con un propósito.” Quizá no sea suficiente pero lo importante es el primer paso.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Tiempo de lectura



 TIEMPO DE LECTURA                                            29.4.2024

     Desde siempre he pensado que Jaén, a pesar de ser una ciudad pequeña, tiene una oferta cultural inabarcable e imposible de disfrutar. Hay tardes en las que pueden coincidir a la misma hora tres actividades distintas que me puedan interesar. No quiero imaginar lo que me dicen de otras ciudades más grandes.

    Ahora llegan los días de firmar libros, festivales de poesía, ferias del libro,... con ritmo maratoniano. No hay ciudad o pueblo que se precie que no tenga un ramillete de actividades y visitas de escritores. Y es una maravilla. Con estas actividades en torno al libro, como dijo Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo, “se goza del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.”

    Más allá de la temporada alta, en el día a día hay muchas iniciativas que “animan a la lectura” (aunque esta expresión me resulte más apropiada para la carrera de San Antón).

    Creo que son las familias, padres, madres y, especialmente, abuelos quienes deben llenar la infancia de cuentos, poemas, trabalenguas y adivinanzas. Por otra parte, hay colegios e institutos que llevan a cabo proyectos lectores ejemplares. Es el caso de los CEIP Alfredo Cazabán o Gloria Fuertes o el IES Santa Catalina de Alejandría entre otros centros de la provincia, que han participado en el curso “Escribir como lectores” organizado por el Centro del profesorado y han obtenido resultados excelentes.

    Para “animar” de verdad no es necesaria una colección de actividades mecánicas y descontextualizadas.  Lo que hace falta son profesores lectores que pongan buenas dosis de entusiasmo cuando acerquen a los libros. Y me vienen a la cabeza nombres imprescindibles como Juan Mata, Andrea Villarrubia, José García Guerrero, Juana García Jordán,... y muchos, muchísimos más, que son capaces de  despertar, ilusionar, asombrar, emocionar a través de los libros. ¡Qué gran labor la de las bibliotecas escolares! En las últimas dos décadas se ha hecho en Andalucía un gran trabajo que hay que cuidar y mantener cada día.

    Con el mismo objetivo, han recorrido muchos kilómetros por nuestra provincia artistas como Colorín Colorado, que han llevado cuentos y tradición oral a muchos rincones. Y no solo de pueblo en pueblo sino que están asentados en “La cueva de los cuentos” en la localidad granadina de Cúllar donde acogen a miles de niños cada curso.

    En todas las etapas de la vida me parecen muy útiles e interesantes los clubes de lectura y las tertulias literarias. Hacen posible una lectura social en la que los distintos puntos de vista iluminan las interpretaciones de un libro.

    Muchas de estas actividades se han fraguado en bibliotecas municipales, donde el ingenio y la creatividad vibran especialmente. Es lo que hace uno de los mejores bibliotecarios que he conocido, Juan Manuel Amate, en la Biblioteca Municipal de Valdepeñas de Jaén: pura magia.

    Estamos en momentos en los que acceder a estas actividades y a libros es bastante fácil. Estoy pensando también en herramientas digitales como Ebiblio que permiten consultar y disfrutar de gran variedad de materiales (libros, audiolibros, prensa, revistas,...) de forma legal y gratuita. Algo impensable hace unos años.

    Como podemos ver, todo es maravilloso en torno a la lectura. No quiero ser cursi ni repetir lo que ya está más que dicho: la utilidad, la necesidad, la grandeza de la lectura. Quizá lo único que temo es lo que dijo Umberto Eco: “El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee”. Quizá solo nos falte alguna vez quedarnos a solas, en silencio, sin aparatos cerca y bucear en sus páginas unas horas.

 

martes, 9 de abril de 2024

CIUDADES ETERNAS


CIUDADES ETERNAS                                                                            07.04.2024

    En las últimas semanas, se ha hablado mucho en Jaén de la estructura y el urbanismo de la ciudad. Por un lado, la polémica sobre la alameda, que espero que la conserven como un tesoro, como un paraíso escondido en el mismo centro urbano y que si la tocan, sea para mejorarla.

    Por otro lado, me ha sorprendido una noticia a contracorriente: la reapertura del cine Alkázar, también en pleno casco histórico, con la finalidad de impulsar el cine independiente, de Jaén y los cortometrajes, esto es, la cultura en el centro, después de años del cierre del Cervantes, el Asuán, el Rosales o el Darymelia. Todo gracias a una productora jiennense, Loklaro Entertainment. Chapó, señores productores.

    Esta noticia me retrotrae a mi etapa universitaria granadina en la que era un placer pasear por las plazas de la ciudad antes o después de ver una película. Un paseo en el que se enredaba la conversación y la película y ambas quedaban atrapadas en los callejones y rincones de la ciudad. Ese ambiente que tan bien plasmó el poeta José Carlos Rosales en un delicioso poema.

    De forma paralela, en las últimas semanas, con los preparativos de la Semana Santa, esta ciudad, como la mayoría, ha hecho limpieza profunda en el casco antiguo y se ha engalanado para el lucimiento de las procesiones y ser un buen escaparate turístico. Y una vez pasadas las fiestas, no sé si es demasiado importante cuidar la estética del lugar que habitamos miles de ciudadanos.

    Observo una mayor sensibilidad que parte principalmente de la ciudadanía. Hay que cuidar cada detalle. Cada detalle cuenta, pero cuenta para todo el año, no solo para Navidad o Semana Santa. Las ciudades son una buena radiografía de sus ciudadanos y también de sus gobernantes. Solo hay que alejarse unos metros del centro, o quizá ni eso, para ver cómo el suelo se parchea de distintos colores o la abundancia de baldosas rotas que provocan tropiezos, salpicaduras o producen una sinfonía de sonidos huecos en cada pisada.

    Las ciudades han ido perdiendo progresivamente parte de su vida y su identidad sustituidas por los centros comerciales. Y lo que queda, además de muchos locales en alquiler, ya no es el comercio local cercano y familiar sino una ciudad dominada por el estereotipo y la franquicia. En todas las ciudades es fácil encontrar el mismo parque temático a través de bares y comercios clónicos a otros en sus antípodas. Da igual dónde estemos. Y cuanto más imitemos a las grandes metrópolis como Londres o Nueva York, más tarjetas de crédito (only card), más cubiertos de usar y tirar y más despersonalización. Una vida hecha de plástico y mentiras en la que solo importa el dinero y no el “Buenos días” o la confianza con el carnicero del barrio. En sentido opuesto se han recuperado, humanizado y embellecido ciudades como Bilbao, donde la industria oscurecía toda lo valioso que en los últimos tiempos han sacado a la luz. No perderemos la esperanza.

    Y luego están las ciudades eternas. Ciudades como Lisboa o Venecia que muestran su belleza y armonía incluso en su decrepitud, en su aceptación serena de la decandencia. Y la más eterna de todas, Roma, que muestra el sentimiento de gran potencia más allá del tiempo. Los romanos de hace más de dos mil años ya tomaron conciencia de que su ciudad perduraría sine die. Y con este cuidado y preocupación la han mantenido hasta hoy. Es el orgullo y el amor propio lo que la hace eterna. Como siempre, es el amor lo único que salva, lo único que nos salva. En ese sentido, todos los lugares históricos queridos y cuidados por sus ciudadanos serían eternos. A eso aspiramos humildemente, a unas migajas de eternidad. 

jueves, 21 de marzo de 2024

El camino trillado por la vulgaridad

 




EL CAMINO TRILLADO POR LA VULGARIDAD                                    25.2.2024

    Se acerca el día de Andalucía y tocará hacer homenajes, cantar himnos y demás parafernalia. Seguro que en los medios de comunicación veremos encuestas y estudios donde se nos ha analizado. Le darán vuelta a nuestros rasgos y estereotipos y esperemos quedar bien parados.

    Además de recordar lo mal que hablamos (de nuestra riqueza lingüística única en el mundo hispano no hay que acordarse), tradicionalmente se insiste en nuestra afición a la fiesta y a la vagancia.

    Como prueba de que el tedio y la holgazanería no es solo cosa nuestra, puedo aportar que, en mi corta vida laboral fuera de Andalucía, escuché en lengua valenciana una frase que se repetía a diario y que fue mi primera expresión aprendida en esa lengua: “No tinc ganes de fer res” (No tengo ganas de hacer nada). A lo que se podía añadir: “Res de res” (Nada de nada).

    En el lado opuesto, tengo un familiar a punto de jubilarse que ha trabajado en varias provincias de Andalucía como un excelente profesional. Recuerdo cómo hace años ya era objeto de preguntas llenas de asombro o burla del tipo: “¿Es que vas a heredar la empresa?”. Él mismo me ha hablado muchas veces sobre la orquesta de saltimbanquis y titiriteros (con todo mi respeto hacia la profesión) que ha tenido a su alrededor y que le han hecho tragar grandes cantidades de bilis.

    Percibo que hoy más que nunca está de moda la falta de responsabilidad, de implicación, de vocación y de virtuosismo en el trabajo que desempeñamos, sea cual sea, a veces impuesto, a veces elegido.

    Solemos criticar mucho a los políticos y nos escudamos en que “todo el mundo lo hace”. Y con esa excusa nos pasamos tres pueblos. Escribo en plural y quien esté libre de pecado … Y es así como empezamos por ser impuntuales. Llegamos tarde y nos vamos antes. Y en medio perdemos el tiempo. Los móviles y las redes sociales también ayudan en este sentido. Se convierte a veces el lugar de trabajo en una feria donde se va a jugar, a pasarlo demasiado bien, a hacer vida social y planes para el fin de semana. Por el contrario, llevarse trabajo a casa es demencial.

    En otras ocasiones, nos aprovechamos de lo que no nos pertenece, no hacemos lo que debemos o no estamos donde tenemos que estar. Pensemos en bajas laborales, evasión de impuestos, conseguir subvenciones y todo lo que sea llenar nuestra saca a costa de lo público.

    He leído sobre una mujer andaluza del mundo de la cultura que trabaja dieciocho horas al día. ¡Qué barbaridad! Tampoco tenemos lejos a nuestros padres agricultores que han estado en el campo de sol a sol y después tenían en la casa vacas que ordeñar y un sinfín de tareas. Esa es la realidad que choca con los caraduras actuales que se jactan de hacer lo mínimo o menos de lo mínimo y conseguir el máximo beneficio. Ahí tenemos a algunos influencers que se enriquecen haciendo vídeos nada edificantes para la sociedad. Ese no es terreno fértil para los futuros andaluces.  

    Afortunadamente, no todo es así. Hay una Andalucía próspera y luminosa, moderna y responsable. La pena es que a veces para ejercer como tal tiene que salir de sus propios límites. Blas Infante lo dijo magistralmente: “Andalucía necesita de su juventud, pero de la juventud honrada, de la juventud trabajadora, de la que pone sus ideales fuera del camino trillado por la vulgaridad”.

    ¿Os imagináis que en lugar de imitar a los pueblos del norte seamos nosotros el modelo? Ojalá abandonemos algún día la vulgaridad y seamos más ejemplares. Ojalá en este y en todos los días podamos celebrar la pasión que le ponemos a la vida, el mestizaje de nuestra historia, la riqueza de monumentos y paisajes, la entrega y el compromiso, las huellas de nuestros antepasados que sembraron nuestro presente.

    A veces creemos que con envolvernos en banderas o lucir pulseritas o tatuajes es suficiente. Ser buenos andaluces no se puede quedar en una impostura o un adorno exterior. Se trata de mucho más, se trata de poner toda el alma trabajando por Andalucía, por España y por la Humanidad. Toda el alma.