Poema publicado en la revista digital de la Asociación cultural "La oruga azul" (noviembre 2015)
LUZ DE NOVIEMBRE
Ahora que se entregan,
perezosas y rebeldes,
las hojas de los árboles
y el gris de las aceras
torpedea la ciudad.
Ahora, como siempre,
me quedas tú.
Que trocas entuertos
por sueños infinitos.
Y mueves montañas
con el ímpetu encarnado
de valentía en las mejillas
y esperanza en la mirada.
Arcano talismán de oriente,
frágil alquimista de los números.
No quisiera yo, pobre infeliz,
que las lágrimas de los días
y los daños de las tempestades
jubilen tu alma de niña
bendecida con magia de estrellas.
Coge los rayos de cada amanecer
y volvamos una y otra vez
a saborear las naranjas amargas,
los puertos de indias,
las palabras fieles
y los silencios eternos.
Mientras todo lo iluminas
con tu luz de noviembre.
Con esta página quiero compartir con vosotros mi afición por la escritura, y en general, cualquier actividad literaria con la que haya tenido relación. Espero vuestras críticas y comentarios. Pero sobre todo, lo que quiero es que disfrutéis leyendo estos textos. Además quiero recomendaros libros y autores que forman parte de mi vida.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
miércoles, 25 de febrero de 2015
Cambio de planes
En el viejo arca de nogal se guardaban todas las piezas del ajuar que
las mujeres de la familia, durante generaciones, iban acumulando como
tesoros para las hijas de la casa. Entre las servilletas y los
manteles almidonados soñaban con un futuro próspero al servicio de
un marido y al cuidado de unos hijos. Entre las toallas y las sábanas
primorosamente bordadas se escondía la obediencia y la sumisión. La
familia, como único proyecto. El silencio, como único discurso. Y
así se repetía la historia hasta que una hija, al volver de la
escuela, empezó a llorar por una enciclopedia.
martes, 23 de diciembre de 2014
Soñándote
Yo también fui el hombre que
lee plácidamente el periódico de su recién estrenada jubilación,
compartiendo comentarios, complicidad y amistad con los que ven la
vida pasar desde el brazo del sillón.
En esta sala vi con entusiasmo
juvenil publicada aquella primera investigación en la revista de
tirada nacional que tanto esfuerzo nos costó y abrió el camino a
muchos estudios más. Por allí también se escondían las obras de
teatro que demandábamos ansiosos para empezar a ensayar en la
asociación de vecinos. Más allá circulaban aquellos primeros
discos y casettes de músicas lejanas que traían tiempos nuevos. En
la primera planta, o quizá en el sótano, no sé, nos sorprendieron
autores, conferencias y exposiciones que nos abrieron los ojos con
nuevas perspectivas y más profundidad y amplitud de campo.
Toda una
vida pasa delante del brillo implacable del lector de códigos de
barras. Pero antes de que aparezca un nuevo ticket y mi nieto me tire
impaciente de la manga de la chaqueta, mi mente se aleja un poco más.
He vuelto mágicamente a mi pueblo, a los atardeceres infinitos de la
sierra y he visto a un niño bajo un árbol, lleno de inocencia y de
curiosidad, con un libro entre sus manos imaginándose muchos más,…
y fue allí, querida biblioteca, compañera de mi vida, donde yo te
empecé a soñar.
Relato ganador del 1º Premio del I Concurso de "Cartas a la Biblioteca", Jaén, noviembre 2014
Relato ganador del 1º Premio del I Concurso de "Cartas a la Biblioteca", Jaén, noviembre 2014
18.511
Entre el ajetreo de la mañana, el
buzón abría su boca al mundo todos los días. Por él se
precipitaban, como si de un barranco lúgubre y sinuoso se tratara,
los asuntos importantes que debían escapar del pueblo en una saca
parda y áspera a la hora de la siesta. Pero antes de marchar, se
llevaban incrustados en su piel de papel la divisa marcada con el
acompasado ritmo del grasiento y zaino matasellos.
En
el otro extremo, un desvencijado postigo comunicaba con la oficina de
correos. El pequeño y húmedo habitáculo encerraba entre sus
paredes todos los colores, alegrías y penas que podía deparar la
vida: giros del padre emigrado al extranjero, pensiones de
beneficencia, refrescantes postales veraniegas, entrañables cartas
manuscritas, publicidad barnizada de otra época, fotos de la jura de
bandera del hijo, periódicos inabarcables o pasteles de Navidad en
pegajosos paquetes entreabiertos.
En
la mesa, bajo el hule con el mapa de España, se guardaban celosos,
sobres y documentos, garabatos y firmas misteriosas, huellas
dactilares y tarjetas de boda. Y el calor del brasero de la mesa
camilla lo envolvía todo con la tranquilidad y la ternura con la que
el cartero y su mujer abrazaban el oficio cada mañana. El oficio de
clasificar cartas, noticias, mensajes, palabras. Por barrios, por
calles, por casas, por vidas. El oficio ritual de desentrañar la
rutina de los lugareños de un pequeño pueblo entre el valle y la
sierra.
Por
el marco de la ventanilla desfilaban cada día estampas variopintas
con sus trajines y sus recados: viejas enlutadas y plañideras,
parejas de novios ilusionados e inexpertos, funcionarios ávidos de
burocracia o agricultores con manos sarmentosas. Todos llevaban y
traían algo, esperaban, firmaban, se sorprendían, se quejaban o se
alegraban, en un ir y venir interminable.
Todo
esto, desde un rincón, bajo la prohibición de no tocar ni romper
nada, sentada en su silla de enea, lo miraba y lo aprehendía con
ojos grandes e inocentes, una niña.
Fallo del jurado
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