martes, 6 de junio de 2023

¿Inteligencia?

     


                                                                                   Enlace a Ideal Jaén


¿INTELIGENCIA?                                                                            04.06.2023

    Todos recordamos cuándo apareció Internet. Desde entonces, instalamos programas, descargamos información, usamos redes sociales, aceptamos cookies,… la mayoría de las veces sin conocer dónde nos metemos. Ya se sabe, la letra pequeña. Tras lo supuestamente gratuito, somos nosotros la mercancía.

    La tecnología ha permitido avances impensables pero también nos ha atontado haciéndonos adictos a ella. Con los móviles nos aislamos, nos convertimos en zombies y nos relajamos como si fuera el chupete de los adultos. Nunca hemos estado tan hiperconectados y al mismo tiempo tan solos.

    Asociamos tecnología a progreso, a primer mundo, a modernidad. Aunque hace unos días leí en la novela “Marina” de Ruiz Zafón un fragmento que me dio una bofetada: “¿Qué clase de ciencia es esa, capaz de poner un hombre en la Luna pero incapaz de poner un pedazo de pan en la mesa de cada ser humano?”.

    En educación, se fomenta su uso con ingentes partidas económicas. En el ámbito familiar, ponemos un aparato en manos de un bebé y elogiamos su habilidad para tocar la pantalla.

    Paradójicamente, no hacen lo mismo los colegios elitistas en los que se escribe a mano, se hacen manualidades y juegos, se fomenta el contacto con uno mismo y con el entorno, ... todo ello sin pantallas. Algo sabrán del tema los prebostes del negocio tecnológico como Steve Jobs o Bill Gates que han limitado o directamente prohibido el uso de la tecnología a sus hijos hasta una determinada edad.

    Recientes investigaciones de universidades americanas están comprobando que el cociente intelectual de la población está descendiendo por primera vez en el último siglo. National Geographic menciona la contaminación, la alimentación, los sistemas educativos y el aumento negativo del uso de las redes sociales como principales causas de este descenso. Hay caídas en lógica, vocabulario y resolución de problemas, entre otras habilidades. Esto afecta por ejemplo al desarrollo cognitivo, a la reflexión o al pensamiento crítico.

    Por otra parte, no será la COVID el hito más importante del s. XXI. Vamos a asistir a un cambio histórico sin precedentes a través de la Inteligencia Artificial. El mundo que se está gestando no es futuro sino presente y provoca tanta curiosidad como inquietud. Son muchas las herramientas que están compitiendo en una carrera imparable por instalarse en nuestras vidas. Quienes hemos probado aplicaciones como ChatGPT, hemos visto sus increíbles posibilidades en creación de textos, que paulatinamente se irán perfeccionando.

    Ante esta nueva realidad, ha ocurrido un hecho insólito. Elon Musk junto con más de mil expertos han pedido pausar los avances en investigación de Inteligencia Artificial porque “podría poner en riesgo a la Humanidad” y lo comparan con la tecnología nuclear.

    La ficción ya se ha adelantado abriendo camino en libros, series y películas. Todo cambiará, desde la educación, el mercado laboral hasta el cuidado de las personas mayores. Habrá importantes beneficios como avances en investigación, manejo de gran cantidad de información, reducción de errores o automatización de procesos. Como contrapartida habrá pérdida de seguridad, de veracidad de la información, confusión, control o falta de libertad. Esto ocasionará problemas políticos, sociales o éticos.

    La Inteligencia Artificial es útil si se utiliza adecuadamente. Pero debemos ser conscientes de que estamos jugando con fuego, no hay una regulación legislativa y además, vivimos en una sociedad sin valores en la que el acuerdo no es fácil y en la que solo interesa maximizar los beneficios económicos.

    Se están creando superhombres, máquinas dioses superinteligentes, que no cometen errores humanos y les estamos dando todo el poder para que nos dominen. La Inteligencia Artificial hará lo mismo que el cerebro humano pero con mayor rapidez y exactitud. Mientras tanto, nosotros perdemos habilidades. No parece muy inteligente por nuestra parte. Me recuerda a aquellos mitos clásicos en los que los dioses controlaban y sometían a los hombres.  

    La tecnología es apasionante, pero no es lo mismo el uso, o incluso el abuso, que este salto tecnológico que nos esclavizará. Si las máquinas lo hacen todo, estamos abocados a dejar de pensar, de razonar y de existir. “Pienso, luego existo” dijo Descartes. ¿Será la Inteligencia Artificial la que busque vida inteligente entre los humanos? ¿Vivirá por nosotros?

    Esperaremos sin miedo, con cautela, abiertos al progreso, lo que nos depara el futuro artificial y deshumanizado que se avecina. Las abuelas de mi infancia resumirían estas alternativas con dos expresiones: “Hay que abrazar lo que venga” o “Señor, llévame pronto”. Pues eso, esperaremos.

    Mientras tanto seguiré escribiendo a mano, oleré las rosas de mi jardín, caminaré entre los árboles, amasaré pan, cocinaré recetas familiares que no conoce ChatGPT, cometeré errores y releeré para no olvidarlo el poema “Beso artesanal” de Mario Benedetti”: “De los medios de comunicación/ en este mundo tan codificado/ con Internet y otras navegaciones/ yo sigo prefiriendo/ el viejo beso artesanal/ que desde siempre comunica tanto”.

miércoles, 19 de abril de 2023

La fuerza de la palabra






                                                LA FUERZA DE LA PALABRA                                                19.04.2023

    Estamos en época de mociones de censura, campañas electorales,  guerras enquistadas, negociaciones rotas y huelgas en media Europa. En resumen, problemas por doquier. Ante todos estos frentes, la mayoría de las veces se opta por la polarización, la falta de flexibilidad y de diálogo. Y en los casos más extremos, por la violencia. Encasillamos a los demás y hacemos oídos sordos a sus razones. Creemos que con ceder un ápice, vamos a perder nuestra parcela de poder.

    Por otra parte, veo en los centros educativos cómo progresivamente se amplían las horas de oratoria y debate. Se han multiplicado los torneos en los institutos: en el centro, a nivel provincial, autonómico,... Y con muy buena acogida. En la provincia de Jaén han participado veinticuatro equipos este año. Y en toda Andalucía, muchos más. No solo en español, también en inglés y francés. Los mejores equipos de cada provincia irán a la final autonómica que se celebrará en Granada en abril.

    Con esta actividad, los adolescentes se inician en la investigación y el conocimiento en profundidad sobre un tema a través de fuentes fiables, sin titulares sensacionalistas o información sesgada. Es un aprendizaje duro pero beneficioso a largo plazo. Además, aprenden a hablar en público y a dominar la retórica y la oratoria. Me alegra ver cómo distinguen falacias y manipulaciones y son avezados en el arte de la persuasión. Contemplo sus ojos atentos escuchando la valoración de los jueces.

    En medio de la incertidumbre que rodea al mundo educativo, de esto sí podemos estar plenamente seguros de su eficacia. Los jóvenes introducen, argumentan, refutan, sintetizan, matizan, improvisan preguntas y respuestas,... Y así podríamos seguir enumerando más bondades sobre el debate.

    Cuando los equipos se van curtiendo año tras año, se adquiere una soltura envidiable. Todo esto no sería posible sin profesorado implicado. Solo ellos saben las horas que les dedican, horas que no aparecen en ningún horario. Y cuando llegan las semifinales y las finales, asistimos a una brillante puesta en escena, parecido a las de un mundial de fútbol. Construyen belleza y sabiduría, vencen y convencen a través de sus palabras. “Tristes armas si no son las palabras” decía Miguel Hernández. Nos dan una lección de madurez que nos deja apabullados. Os aseguro que verlos debatir es de las pocas experiencias que me hacen tener esperanza en el futuro.

    Con ese intercambio de posturas, con ese dominio de pros y contras, crecen siendo menos radicales, más empáticos y más demócratas. Y al público nos invitan a pensar, sentir, oscilar entre las dos posturas trazando caminos hacia la verdad.

    Lo triste es que les enseñamos todo esto para después abocarlos a ese desierto espantable, a esa morada de fieras que es el mundo. Un mundo en el que muchos adultos quizás no estemos a la altura. Ojalá que no pierdan la frescura y la autenticidad. Y cuando les toque abandonar el salón de actos del instituto para defenderse en el mundo, su mejor arma siga siendo la fuerza de la palabra.  


 

lunes, 13 de marzo de 2023

50 años de ALEA

 






                                            50 AÑOS DE ALEA                                                                            12.03.2023

    “Alcancía, aljofifa, arrenguango, avenate, borrega, calentitos, chaleco, chapú, chorraera, chuminá, engañifa,  jipío, regomello, rejuela, retestinar, saquito, tabalá, tabefe, telera, trasconejar”  son apenas veinte palabras de la muchas que se utilizan en los más de ochenta y siete mil kilómetros cuadrados con los que cuenta Andalucía.

    Entre los más jóvenes, muchas son desconocidas como sucede con las realidades a las que nombran. La mayoría no están en los diccionarios sino en la memoria frágil de los mayores o en cuadernos de pequeñas investigaciones caseras. Al oírlas volvemos con nostalgia a nuestro pasado, que suele estar a demasiadas horas y kilómetros de distancia. Muchas de ellas llevan en su ADN matices de nuestra forma de ser, el sonido y el sabor a trabajo y a humildad, a aceituneros, a pescadores y a mujeres amasando pan en las tahonas de sus pueblos. El verdadero sabor andaluz.

    La estandarización y la globalización o el abuso de extranjerismos llevan a abandonar nuestras palabras y que pasen de ser obsolescentes a olvidarse definitivamente.

    Como estamos en días de entrega de banderas y reconocimientos, el mío va para los lingüistas que hace cincuenta años iniciaron un admirable proyecto de investigación sobre las hablas andaluzas que ha sido la base para todos los trabajos posteriores. Se trata del Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía (ALEA). Dirigido por el castellonense Manuel Alvar, con la colaboración de Antonio Lorente y Gregorio Salvador. Estos tres profesores recorrieron 230 localidades hablando con los lugareños, preguntando, recopilando información sobre lengua y costumbres de cada pueblo. Este ingente trabajo se condensó en seis volúmenes y recoge en 1900 mapas una infinidad de información. Información sobre nosotros. Para los que nos gusta adentrarnos en la Dialectología y en la Sociolingüística, bucear en estos mapas es un auténtico placer.  

    Amar nuestra tierra es, aparte de pagar impuestos, conocerla. Y todo empieza por nombrarla. Siento admiración y rabia al mismo tiempo cuando son los de fuera quienes saben más que nosotros de lo nuestro, quienes me enseñan los paisajes y las bondades de mi tierra,  quienes juegan con nuestras palabras con otros acentos, quienes explotan nuestros productos,... mientras nosotros seguimos tropezando año tras año en la misma piedra: la de la ignorancia, la falta de valoración y de compromiso. Caemos muchas veces en la vanidad y en el orgullo huero. Creemos que amar Andalucía es defender los tópicos que más que ayudar nos lastran. No somos los mejores ni los peores. Pero sí que podemos ser mejores. Y en algunos campos, ya lo somos.

    Tenemos un magnífico producto que ofrecer al mundo: un lugar privilegiado, una tierra rica en variedad y producción, grandes profesionales, arte, patrimonio, cultura y un sinfín de bondades que sin nuestro cuidado y esfuerzo no prosperarán. Y todo empieza con las palabras, que nos abren la puerta de siglos de historia, sabiduría milenaria, mestizaje cultural que conforman nuestra forma de vida. Sin cuidar el pasado, no podremos ganar el futuro. Sin inquina, con la mano tendida. Por Andalucía, por España, por la Humanidad.

 

lunes, 30 de enero de 2023

Callejeros ilustres

 





CALLEJEROS ILUSTRES                                                            30.1.2023

Enero. El frío enero. Se acabó el tiempo de ser felices por obligación. Ahora toca serlo de verdad y capear los temporales. Ya podemos abandonar el espíritu navideño y las labores solidarias hasta el año que viene. Con la carrera de San Antón, tan vibrante como siempre o más, cerramos las fiestas. Ya se sabe: “Hasta San Antón Pascuas son”.

Hemos asistido en muchos sitios a un despliegue navideño propio de año electoral. Fastuosidad que invita a seguir confiando en quienes ya gobiernan. Quedan meses de campaña desaforada. Es tiempo de agasajar a la población esperando su respuesta en forma de voto. Habrá baños de multitudes, interés por temas olvidados, besos a niños y ancianos por doquier,... Ojalá que tomen nota de lo que de verdad hace falta más allá de las imposturas.

Entre los acuerdos que se han alcanzado últimamente en Jaén hay uno que me ha emocionado. A finales de noviembre se aprobó en pleno el cambio de nombre de calles, plazas y parques. Con ello se pretende reconocer la labor de hombres, mujeres y colectivos destacados.

Es un tema espinoso; poner un nombre supone quitar otro. Muchas veces estos cambios están motivados por afinidades ideológicas o de otro tipo. Me contaba un amigo que su calle había cambiado de nombre cuatro veces a lo largo de su corta vida.

Hay nombres que entroncan con el pasado más lejano, como los de gremios medievales. Lo fácil es nombrar como calle de las Nuevas Tecnologías, Primavera o de la Constancia. Todos ellos son casos reales. Lo difícil es seleccionar quiénes son los hombres y mujeres ilustres de un lugar sopesando justamente sus luces y sus sombras, su huella beneficiosa e imborrable por encima de egos y protagonismos absurdos. Ahí es nada.

Las mujeres, también en este tema, han quedado relegadas. Hace unos años la profesora malagueña Rosa Liarte inició el proyecto “Merezco una calle” con el que pretendía eliminar la invisibilidad de las mujeres en los callejeros. Esta iniciativa, afortunadamente, se ha extendido por muchos lugares (www.merezcounacalle.com).

Valoro a todos los recién homenajeados, especialmente a los que se han implicado en causas educativas y sociales. Y hay uno que aglutinó todas las buenas cualidades que puede tener un hombre. Polifacético y carismático como él solo: maestro, humanista, escritor, colaborador en la prensa, implicado en asociaciones vecinales, amante de su tierra y de su gente, miembro activo de la ONG Quesada solidaria y mil cosas más. Con su sencillez y bondad encandilaba desde que cruzabas unas palabras con él. Era un placer escucharlo hablar de sus viajes a Nicaragua y Guatemala. Sus palabras entusiastas y comprometidas nos trasladaban hasta allí y nos hacían “arrimar el hombro” gustosamente. En esos países, con su implicación y la de sus compañeros se crearon más de cincuenta escuelas y se rehabilitaron otras tantas. Se llamaba José Román Grima y, por fin, tiene un monumento en su ciudad este jiennense universal. Seguro que le gusta el sitio elegido: una plaza dedicada a maestras y maestros.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Entre la luz y la oscuridad

 






ENTRE LA LUZ Y LA OSCURIDAD                        28.12.2022

    La vida cotidiana nos sorprende con gran variedad de vivencias. Hace unos días, en este mes de diciembre, dejé olvidado mi bolso en el banco de un parque. Después de la angustia correspondiente, de forma milagrosa, lo vi en el asiento de una familia que se reunía en un restaurante. Lo habían cogido y esperaban a la policía para entregárselo. En pocas palabras y gestos que lo decían todo, expresamos el agradecimiento y ellos dejaron al descubierto su menú de valores.

    Horas más tarde, vi cómo en medio del alumbrado navideño, un antiguo alumno, cincuentón por lo menos, abrazaba a su maestra de infantil con la misma ternura como si estuvieran en aquella clase lejana.

    Parece todo tener el barniz mágico y sentimental del anuncio de lotería pero fue real. En estos días también nos llega la labor solidaria de múltiples asociaciones que forman otra familia sin sangre, que piden y reciben ayuda para gente que ni conocen. Aunque parece que en Navidad hacen el agosto, están todo el año codo con codo.

    Es el mismo barniz de la familia que se sobrepone a los problemas y aguanta  los chaparrones, como la inestabilidad laboral o la subida de precios que agobia hasta asfixiar. Y de manera más íntima, cada uno de nosotros luchamos con nuestras penas y dificultades y nos levantamos intentando enderezar el mundo cada día.

    Nos quejamos de lo mal que está todo. Y con razón. Lo que más duele: esa guerra cercana por la que Europa se desangra en medio del sinsentido. Pero me niego a rendirme. Dentro de cada uno de nosotros, ahora y durante todo el año está la luz y la oscuridad. Como escribió Rafael Guillén: “Se existe por instantes de luz. O de tiniebla.” 

    Para los creyentes, cada diciembre brilla la luz de Dios, como canta el villancico. El resto se apunta a la fiesta de los reencuentros, los buenos deseos, la música pegadiza y las luces que invitan al consumo y a la alegría. Y todos, aparentemente felices, nos unimos de una u otra manera al espíritu navideño. 

    ¡¡El espíritu navideño!! ¡¡Tonterías!! El espíritu navideño dura todo el año en el corazón de las personas buenas. Todo lo demás es un envoltorio de luces y sonido que nos reblandece hasta la cursilería. 

    Cada Nochebuena me asomo un momento a la calle mientras se ultima la cena, siento el frío en la cara y veo la iluminación humilde de los pueblos, las luces encendidas en las casas con alegres reuniones familiares, las casas apagadas, cada vez más por desgracia, y por último, busco en silencio la luz de las estrellas.

    No es el alumbrado. Es la luz de nuestro interior, que está todo el año iluminándonos a nosotros y a los que se dejan encender por nuestros “fueguitos”, como los llamaba Eduardo Galeano. Solo tenemos que seguir el consejo de Ángeles Mora en un poema reciente: “Buscar la luz,/ no mirar por los rotos/ donde el rencor oculta/ su negrura infinita.” FELIZ NAVIDAD.



domingo, 18 de diciembre de 2022

domingo, 11 de diciembre de 2022

En el parque

Relato seleccionado en el V Concurso de Relatos Cortos sobre violencia de género de la Fundación Luz Casanova (2020)

FALLO DEL JURADO


PRESENTACIÓN DEL LIBRO









EN EL PARQUE

    Los viejos somos inmensamente ricos; tengo todo el tiempo del mundo engarzado en el reloj de bolsillo de mi chaleco. Y aunque gozo de poca vista, menos oído y casi nada de masa muscular, todavía llego hasta los bancos del parque para abrazar los rayos de sol matutinos entre las páginas de un periódico. Aunque a veces leo más en los paseantes que me rodean que en el papel.

    Esta mañana una graciosa niña jugaba distraída entre las flores. Iba y venía sin rumbo aparente. En un banco cercano, sus padres hablaban. La niña se acercaba a ellos y, enseguida, se volvía a alejar. Parecía inquieta pero observadora. Le llamaban la atención el colorido de las rosas y algunas plantas exóticas que renacen en primavera. Desde mi banco, la conversación apenas se apreciaba. El tono no era ni alto ni bajo, pero se intuía tenso. La madre hablaba con seriedad y elegancia. Entre parterres de celindos y glicinias, la niña también aguzaba el oído, aunque parecía tener dificultad para escuchar algo. Intrigado por el espectáculo, utilicé el periódico como parapeto y esperé.

    Minutos más tarde, en otra vuelta del paseo, la niña, y también yo, descubrimos algo más. Su madre abría impasible el bolso y sacaba un pañuelo. No parecía tener alergia ni mocos. Aquella mujer, con discreción y disimulo, lloraba. Ahogaba las lágrimas casi en el momento de su nacimiento. Se alternaban lágrimas y palabras, palabras y lágrimas. Él permanecía incrédulo e impasible. No era difícil adivinar en sus ademanes su incomodidad y su creciente ira. La tristeza de la mujer daba paso al dolor, pero la tragedia se disipaba cuando los zapatos de la niña se acercaban. Cada vez sus vueltas eran más rápidas y sus movimientos, más alocados. Sin embargo, parecía estar absorta en sus pensamientos, construyendo mundos de fantasía sin quitar ojo a aquel turbio banco.

    Yo tampoco podía dejar de girar mi sombrero y mi bastón. En ese momento, mi audífono, muy inoportuno, empezó a emitir pequeños pitidos. Se había gastado la pila. Me angustié más aún. Tenía que volver a casa. Eché a andar, no sin antes vislumbrar los ojos sin fondo de ella y la mirada torva de él. Me llevé un regusto impotente y premonitorio. Quizá sea la intuición de viejo carca. Pero también la de un viejo que escuchó, respetó y amó.

    Diez años después…

    Una adolescente en su dormitorio, aparentemente ocupada con los deberes, escucha a lo lejos una conversación en la cocina. El portazo no aísla, sino que provoca que se sientan más libres para subir el volumen. Como siempre, sus tripas se retuercen y se empieza a poner nerviosa. Abraza el vacío de su almohada. Se tapa los oídos. Otra noche más y ninguna decisión.  En ese momento, suena un mensaje de móvil. Es su amiga: “No olvides trabajo de Literatura. Es de un escritor que acaba de morir, seguramente un viejo carca. El texto que tienes que analizar se titula: En el parque.”

 

martes, 29 de noviembre de 2022

Tanto todo para nada




TANTO TODO PARA NADA                                                                                        29.11.2022

    Llevo semanas mirando a Qatar y a Egipto. Sobre Qatar, hay poco que añadir. Respecto a Egipto, mi estupor no es menor. Se ha celebrado la Cumbre del Clima en Sharm el Sheij. Una ciudad en mitad del desierto, un paraíso turístico repleto de piscinas y lagunas artificiales, en un país sin agua ni derechos humanos, en el continente más afectado por el cambio climático.

    La cumbre parecía más una feria de turismo y negocios. He aquí algunas cifras: mandatarios de doscientas naciones, más de cuarenta mil personas, cuatrocientos jets privados más el resto de aviones, que han emitido trece mil toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Antes de llegar a la ciudad balneario, los participantes han aterrizado en otras ciudades generando aún mayor contaminación. Eso sí, se les ha llenado la boca hablando de movilidad sostenible.

    También nuestros mandatarios nacionales y autonómicos han salido en la foto. Unos para movilizar los lujosos aviones del Estado. Otros para “intercambiar experiencias” a pesar de no destacar precisamente por su ejemplaridad medioambiental. Quizá si hay que salvar a alguien, rompería una lanza por nuestra reina emérita que ha causado sensación al volver a España en un vuelo regular. Y no ha pasado nada. En esta paradójica cumbre, la monarquía ha sido ejemplar.

    No nos sorprende que haya encuentros de mandatarios en los que se genera mucho gasto y contaminación. Pero entiendo que este dispendio no debería ser en nombre del cuidado del medioambiente. Pónganle otro nombre y no nos traten de tontos.

    En cuanto a los participantes, un bloque de países defendió avances sólidos. Por otro lado, los países productores de gas y petróleo impusieron su criterio a una Unión Europea sin mucho peso. Y los países más contaminantes ni han aparecido porque tienen otras prioridades.

    Un objetivo crucial era escuchar a la ciencia aunque en realidad han hecho oídos sordos a sus consejos. Todo patrocinado por la empresa de la chispa de la vida, la que más basura plástica genera.

    Con este panorama, los resultados no son nada halagüeños. Después de casi dos semanas no solo no han avanzado sino que casi retroceden. Han tenido que alargar la cumbre unos días para fijar el límite del calentamiento global en 1,5 ºC. También se han comprometido a compensar pérdidas y daños a los países más vulnerables ante futuros desastres medioambientales. No está mal aunque es preferible la anticipación y la prevención.

    ¿No es posible limitar el número de participantes en las cumbres, hacer videollamadas, evitar desplazamientos, utilizar transportes colectivos y buscar sitios de fácil acceso? ¿No es posible optimizar por el bien de todos?

    Y mientras tanto, en los colegios se predica la doctrina medioambiental. Y un puñado de ilusos viajamos en transporte colectivo, llevamos en el bolsillo trozos de papel o envoltorios de plástico hasta el contenedor correspondiente y pensamos en lo que no hacemos o podríamos mejorar. Por nosotros que no quede. Me viene a la memoria aquel endecasílabo de José Hierro: Después de tanto todo para nada. 

martes, 1 de noviembre de 2022

Solapamientos escolares




SOLAPAMIENTOS ESCOLARES                                                    1.11.2022

    Con los fuegos artificiales de la feria de San Lucas se cierra el período de transición entre el verano y el curso escolar en Jaén. No seré yo quien diga lo que deben hacer niños y jóvenes por las tardes. Para eso ya están pedagogos, familias y opinadores. El niño que necesita repasar convive con el que se le queda todo a la primera y con el que tiene deberes como tortura por muy entretenidos que sean. Hay tantas variables posibles como opciones aceptables.

    Centrándonos en las actividades extraescolares, hay niños que encajan en todas las propuestas que ofrece la tarde: deportes, artes, idiomas, naturaleza,… Y  les enriquece y les compensa aunque eso suponga que su “vida laboral diaria” sea demasiado larga. De ahí surgen muchas veces virtuosos como la guitarrista Paola Hermosín. En esas tardes nacen aficiones y futuros trabajos que los acompañarán toda la vida.

    En el polo opuesto, encontramos niños que no hacen nada supuestamente “enriquecedor” y se pasan la tarde frente a una pantalla o callejeando con amigos. No sé si es este el aburrimiento que defienden algunos expertos. 

    Por otro lado, el ámbito rural nos priva de academias, conservatorios y gimnasios pero ofrece como contrapartida la naturaleza en toda su extensión. Sigo en redes sociales a Anita la Cortijera y a mi paisano Joselito Campero, niños apasionados por el mundo rural, sus tradiciones y valores, que no cambiarían por nada del mundo sus hábitos diarios. Y ya quisiéramos los adultos saber hacer un mínimo de todas las tareas agrícolas y ganaderas que ellos dominan con soltura. Son influencers que sobrevivirían en las peores condiciones. Eso sí son competencias clave.  

    Seguramente el sentido común, el término medio aristotélico y la adecuación a la realidad de cada niño nos guíe hacia lo correcto. Y con las actividades en familia, si la vida laboral lo permite, acertaremos seguro.

    En mi plan de estudios universitario había solapamientos en las asignaturas. Tuvimos varias sobre el mismo tema, con profesores distintos, sin coordinación alguna,… con la consiguiente pérdida de tiempo y repetición de contenidos mientras que otros se quedaron sin dar. Y ese solapamiento es el que veo a veces entre las actividades de la mañana y las de la tarde. Puedo entender la tarde como refuerzo de tareas escolares pero no como sustitución. Veo alumnos que en horario escolar no trabajan ni atienden, desprecian a sus profesores y la enseñanza gratuita porque por la tarde prestarán atención a un vídeo o habrá una academia donde les hagan los deberes y les expliquen con igual o diferente criterio los mismos contenidos. Pareciera que solo le damos valor a lo que pagamos o que la enseñanza oficial no nos ofrece suficiente confianza. Si es así, lo conveniente sería demandar calidad. Quienes prefieran la enseñanza privada pueden estar tranquilos porque ya prolifera en forma de másteres y universidades. Solo para quien se lo pueda pagar. Independientemente de lo que legislen, somos nosotros quienes le damos valor, no precio, a una u otra opción.